
MADRID, por Mikaela Guariniello
Han pasado cinco meses ya desde que nació el 15-M, un movimiento apartidario, transparente y pacifista que surgió a raíz de la inconformidad de los jóvenes españoles ante la falta de representación política y el bipartidismo al que el país se encuentra sometido. La primera manifestación, el 15 de mayo, acabó cuando la policía desalojó de madrugada a los participantes, concluyendo así la noche con 19 detenidos. Ante esta injusticia, a la noche siguiente un pequeño número de españoles decidieron dormir en la plaza de Sol de Madrid, naciendo así Acampada Sol, cuyo campamento lo irían ocupando cada día más y más gente.
Yo, al igual que miles de jóvenes españoles, decidí quejarme de día y acampar de noche para mostrar mi indignación ante la situación de mi país. Canté a coro “que no, que no, que no nos representan” igual que todos sin importar mi nacionalidad, y estuve callada durante el minuto de silencio con las manos alzadas al cielo, como el resto.
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