La Ola Verde: nuestro primer simulacro de revolución digital

Foto: Flickr A. Mockus

Por: Jimena Zuluaga, Bogotá

Esta semana, Horus Díaz, de Honduras, invitaba en su post a convertir la red en un instrumento de revolución. Hace un año, los colombianos fuimos testigos de un fenómeno que ha sido lo más cercano a una revolución digital en nuestro país: la Ola Verde.

A principios de 2010, los ex alcaldes de Bogotá Antanas Mockus, Enrique Peñaloza y Luis Eduardo Garzón, se juntaron en un nuevo partido político, el Partido Verde, que se hizo popular en cuestión de meses gracias al poder de las redes sociales.  Al movimiento se unió sobre todo la gente joven – asociada tradicionalmente en el país a poco compromiso e interés político.

La bandera independiente de los Verdes llamó la atención de los llamados primivotantes –y también de muchos veteranos- que por iniciativa propia desarrollaron una poderosa campaña en las redes sociales Twitter y Facebook. Mockus, el candidato presidencial verde que le haría frente a Juan Manuel Santos, hasta entonces seguro ganador y heredero político del ex presidente Álvaro Uribe, pasó de 100.000 seguidores en Facebook en marzo a más de 800.000 al final de la campaña.

Poco después el ex alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, se unió al movimiento como fórmula vicepresidencial de Mockus, catapultando aún más este movimiento en las redes sociales.

Por primera vez en la historia del país, las campañas entraron en el mundo digital y lo que eso significa: el activismo de los usuarios compensó la falta de recursos de los Verdes para hacer campaña en varias regiones y muchos diseñaron publicidad e imprimieron materiales de su propio bolsillo. Artistas espontáneos compusieron canciones que le dieron la vuelta al país en Youtube. Los estudiantes organizaron flashmobs en Colombia y en otras ciudades del mundo.  Unos 40.000 de ciudadanos se inscribieron como testigos electorales -es decir, como voluntarios para ser veedores ciudadanos de la jornada electoral. Esta fue una cifra histórica para el país y los testigos recibieron capacitación vía web por tarde del partido.

Mientras otros candidatos delegaban el manejo de las redes sociales a asesores y equipos de comunicaciones, el candidato Mockus se apersonó del manejo de su cuenta de Twitter, a través de la cual respodió personalmente a cientos de inquietudes y mensajes ciudadanos. En una ocasión un twittero verde trinó quejándose de que “la persona que maneja el twitter de Mockus” no ponía tildes al escribir. En pocas horas el propio Mockus le respondió al usuario disculpándose, diciéndole que era él mismo el encargado del Twitter y que le había costado trabajo aprender a poner tildes en el Blackberry.

Este era el espíritu la campaña: horizontal, transparente, joven y cooperativo. Como los valores que el partido político tuvo como bandera para contrarrestar la política no oficial del gobierno anterior del “todo vale”.

Pero llegaron las elecciones, Mockus no ganó y los Verdes sufrieron una resaca electoral de varios meses. Los críticos de la Ola Verde se burlaron diciendo que los activistas digitales se habían quedado en pijama, chateando en casa mientras los electores de Santos salían a votar y que por eso Mockus había sido derrotado.

Hay consideraciones políticas relacionadas con los resultados electorales, que pasan por la fuerza del respaldo popular al ex presidente Álvaro Uribe, el poder de la maquinaria política en las regiones, los errores de Mockus y el timonazo de Santos en el remate de campaña.

Sin embargo, incluso en las urnas, la Ola Verde demostró su crecimiento: el 14 de marzo de 2010, en la consulta del partido para elegir el candidato presidencial único entre los tres ex alcaldes, hubo un total de 1,8 millones de votos. Poco más de dos meses después, en la primera vuelta presidencial del 30 de mayo 3,1 millones de votos respaldaron al partido y los Verdes fueron  la primera o segunda votación en varias de las grandes ciudades.

Fallida o no, la Ola Verde sacudió muchas de las prácticas tradicionales de hacer campaña y significó el despertar ciudadano de muchos jóvenes que creían que la política era cosa del siglo pasado. Esta es la política 2,0.

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