Conciencia política estudiantil – versión estadounidense

Por: Isadora Borges Monroy, California / México D.F.

Ya lo había pensado antes –este campus no es especialmente activo en términos políticos. Durante la última ronda de protestas por los recortes del presupuesto a la educación californiana, en marzo, estudiantes de toda California se presentaron en Sacramento , y las demostraciones en Berkeley y Santa Cruz terminaron con la toma de inmobiliario. En Irvine, la protesta del año pasado reunió a 400 personas; este año sólo a 60-70 en una escuela de 20 mil personas.

Con su teoría sobre cambios culturales, Ronald Inglehart ha postulado y demostrado estadísticamente que hay dos tipos de valores (que engendran tendencias a dos tipos de culturas) en  países occidentales e industrializados: los materiales y los postmateriales. Clasifica a las personas dependiendo de una combinación de hipótesis: la escasez de algo aumenta su valor (y cuando la afluencia es generalizada, la sociedad puede dedicarse a mejorar su calidad de vida); la socialización de un individuo en su pre-adultez se verá reflejada en sus valores a través de su vida.

Esto significa que las condiciones socioeconómicas están vinculadas al comportamiento cívico-político de segmentos de la población claramente identificables. El acceso a la educación y la generación a la que se pertenece son las dos categorías con más impacto.

Científicos sociales han considerado dos posturas respecto de la movilización política juvenil: está en declive o está transitando de mecanismos tradicionales (como las elecciones) a mecanismos menos estructurados. Del primer grupo, aunque no excluyen la teoría general de cambio cultural de Inglehart, pensadores como Martin P. Wattenberg básicamente señalan que la televisión y la industria del entretenimiento han tomado posesión de la atención de los jóvenes, y que esto está generando un patrón en reverso de años de posguerra: en lugar de que los jóvenes de hoy (o, en general, marcadamente desde mediados de 1980) tengan más conocimiento de lo que ocurre (doméstica o internacionalmente, en ambas falla), la gente mayor de 45 años (incluso los mayores de 65) ha mantenido sus hábitos de consumo de noticias con el pasar del tiempo.

A diferencia de Wattenberg, el segundo grupo de científicos incluye a Russell Dalton (ambos profesores de UCI). Él postula que el gradual reemplazo de generaciones más tradicionales (o con valores materiales) por generaciones cada vez más postmateriales conlleva un énfasis en actitudes individualistas, lo que significa un rechazo casi inherente de comportamientos acoplados a las instituciones políticas históricas, como el voto. Para él, las protestas por cuestiones más específicas o casuísticas se convertirán en lo común, mientras se debilitan los lazos tradicionales como los partidos y los sindicatos. La creación del Partido Pirata en varios países, y sus fluctuantes éxitos en Europa, o los menos novedosos Partidos Verdes, señalan esta transición a plataformas políticas que responden a cuestiones sumamente concretas que movilizan a segmentos de la población poco involucradas en la política general, pero sumamente dedicadas y sensibilizadas en ciertos temas.

En el caso concreto de Estados Unidos, dado que el sistema electoral presidencial no es directo (sino que la decisión final está en manos de un electorado, como lo recordará amargamente Al Gore), los electores pueden registrarse como Demócratas o Republicanos, o mantenerse como “independientes”; este sentimiento de un electorado individualizado es fuente de orgullo. Durante las elecciones, los estados con una significativa población registrada como independientes obtiene las atenciones de los candidatos sobre aquellos estados considerados como seguros para los respectivos contendientes. Movilizar a estos electores indecisos, convertir a Republicanos tradicionales, los jóvenes cuya participación está en declive desde hace varios ciclos electorales, e incorporar a sectores marginados en electores de Obama fue un gran logro de los Demócratas y sus cabilderos progresistas como MoveOn.org y ACORN – con una mezcla de recursos tradicionales y la influencia de redes sociales.

Ahora, la escuela se encuentra en elecciones estudiantiles (ASUCI, Associated Students, University of California, Irvine) y una elección de representantes (GUSH, Government of Undergraduate Student Housing) para quienes viven en los dormitorios. Si hubiera estado tan enclaustrada como el trimestre pasado, poca cuenta me hubiera dado de esto. Sí, hay algunos posters pegados para aquellos que divagan a horas poco convencionales. Y los participantes estuvieron frente al Centro Estudiantil con camisas y volantes durante la semana pasada. Esta semana son las elecciones estudiantiles; las del sistema GUSH estarán abiertas desde el 7 al 21 de abril. Ambas son elecciones electrónicas, pero en el segundo, usando el sitio centralizado, por el cual recibo notificaciones sobre cambios de horarios, eventos, etcétera, la universidad ha enviado a todo residente un recordatorio con un link, además de organizar en una página información sobre los contendientes a lado de las opciones para votar por ellos.

A diferencia de esto, la página principal de la universidad no menciona las elecciones estudiantiles, la página de ASUCI sí, pero no hubo ningún esfuerzo por contactar masivamente a los estudiantes o realizar debates. Un paseo inquisitivo por los kioscos en el día más atareado me llevó a encontrar que sólo un participante activamente me dijo estar poniendo su énfasis en las redes sociales por Internet; otra me dijo que tenía preferencia por el método tradicional, acercarse personalmente a los estudiantes. Todos los demás dijeron darle igual importancia a Facebook, Twitter o sus sitios personales que a la campaña habitual. Un análisis de sus volantes muestra que sólo dos pusieron su información electrónica en ellos – ninguno de estos fue el candidato que me dijo estar activamente interesado en los recursos electrónicos para votos. Y, a pesar de que mi página de Facebook dice que asisto a UCI, lo que me haría fácil de encontrar, ningún candidato hizo esfuerzos por buscar estudiantes. Tampoco ellos o la escuela hizo el mismo esfuerzo para GUSH que para ASUCI. Quizás es una actitud postmoderna (en el sentido de Inglehart), donde los estudiantes no sienten la misma necesidad de democracia que en la UNAM (donde dos diferentes grupos me han agregado a la conversación sobre sus campañas estudiantiles), pero esta no es la actitud de campaña “obamista” joven que nos vendieron los medios de comunicación.

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