El “efecto rebote” del consumismo

Por: Isadora Borges Monroy, California / México D.F.

En lo que viene a ser uno de los eventos que inicia la “Semana de la Tierra”, la universidad ha tenido varias actividades al aire libre y ofrecerá menús con énfasis en productos locales, sustentables y de comercio justo, más allá de lo que normalmente hace. Otra actividad, el 14 de abril, permitió a cinco alumnas de la Universidad de California modelar vestidos de materiales reciclados hechos por ellas o por otras alumnas “diseñadoras”.

La universidad toma orgullo en sus esfuerzos por ser sustentable, y eso es altamente encomiable. Estados Unidos era el país que más emisiones de dióxido de carbono emitía hasta que (¿curiosamente?) reajustaron los parámetros de medidas en el 2007 y China lo sobrepasó. Sin embargo, las emisiones históricas no se pueden borrar del medio ambiente como de las mediciones futuras. A cambio, California es un estado cuya agenda verde está a la vanguardia del país.

Mientras el periodo del presidente George W. Bush permitió substanciales relajaciones de estándares en eficiencia de combustibles para vehículos, California los mantuvo altos  y popularizó la demanda de coches híbridos. Sin embargo, este estado, y muchas de sus ciudades, fue planeado para que uno casi exclusivamente sólo pueda explorarla manejando. Esto significa que “el efecto rebote” es palpable.

Stanley Jevons, conocido como un padre fundador de la economía energética, describió en 1865 la paradoja de Jevons, o “el efecto rebote” cuando descubrió que ante la creencia de que “el uso económico del combustible es equivalente a la disminución de su consumo”, “[l]o exactamente contrario es la verdad”, a veces en un aumento de más del 100%. En 1992 el economista Harry Saunders comprobó esta paradoja con el Postulado Khazzoom-Brookes donde “una mayor eficiencia energética, económicamente justificable a nivel microeconómico, lleva a un aumento en los niveles de consumo energético a nivel macroeconómico que en la ausencia de tales mejoras”.

Ahora, yo noto que lo que sucede en el consumo de energía durante una cadena de producción se está replicando en el consumo de bienes finales. El problema es que el mercado no se deja ser castigado. Cualquier posible vulnerabilidad puede ser capitalizable, y los ambientalistas se encuentran en un dilema: o son cooptados y empiezan a vender café orgánico, productos de limpieza, vestidos de poliéster reciclado (con el riesgo de trivializar su agenda política), bajo una lógica empresarial que busca vender más (lo cual inherentemente significa un aumento en el consumo de recursos, vírgenes y reciclables) o se aferran a luchar localmente, manteniendo un bajo impacto en el mercado y altos costos que hacen parecer que la lucha por productos orgánicos y producidos por agricultores o trabajadores bien pagados “es capricho de ricos”.

Lo que me regresa al desfile de modas “verde”. Hacer las cosas correctas por las razones incorrectas parece un acertijo filosófico cuya indefinida respuesta siempre te termina dando náuseas. Una de las concursantes dijo haberse inspirado en el hecho de que va mucho de compras y tenía muchas bolsas de plástico a la mano. Consumismo es consumismo, y arroparlo con estampas y promesas de un planeta más verde escapa el problema central del efecto rebote: la eficiencia como fin no es sustentable.

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