El regreso del Ave Fénix, o se vienen los años de los Lobos gordos

Por: Juan Calderón, desde Tegucigalpa (Honduras)

Pasaron 23 meses desde el espurio golpe militar para que el presidente derrocado Manuel Zelaya Rosales pudiera retornar de su exilio junto con decenas de otros exiliados políticos. La primera reacción de la comunidad internacional ha sido la re-admisión de Honduras a la OEA y el reconocimiento del gobierno de Porfirio Lobo Sosa.

¿Se movieron las piezas en el orden correcto?

Veamos

El efecto que tiene el no pertenecer a la OEA, o mejor dicho, ser un país expulsado de la OEA es político y económico.

Político

En primer lugar, el aislamiento internacional es lesivo a los intereses políticos del gobierno ya que le impide realizar acuerdos multilaterales e incluso bilaterales con países miembros de la organización. Esto abarca también las relaciones con países de otros continentes que se basan siempre en el referente político regional, en el caso de América, la OEA.

También cabe aquí el efecto moral, ya que si Honduras no retornaba a la OEA sería más fuerte la sensación de que el error por el cual se le expulsó del organismo aún no se había redimido. Ahora los reduccionistas (o a quienes convenga) podrán asegurar que se ha dado un borrón y cuenta nueva, o incluso decir que aquí no ha pasado nada.

Por esta última razón a muchos sectores de la resistencia no les era deseable el regreso de Honduras a la OEA, ya que temen que al regresar el país a este organismo se acabe la presión internacional y por tanto se olviden todos los crímenes cometidos, las violaciones a los derechos humanos, los robos al erario público y las violaciones a la constitución y a la institucionalidad democrática. Es decir, se teme a la impunidad.

Cuando un gobierno recibe ayuda de los organismos internacionales se beneficia políticamente porque puede saludar con sombrero ajeno y ganar popularidad al repartir parte de esas ayudas entre los pobres.

Económico

Honduras es un país con abundancia de recursos, sin embargo estos no están bien distribuidos y son canalizados casi de la peor forma posible. Por esa razón Honduras siempre necesita de la mendicidad internacional para ejecutar casi cualquier proyecto importante; esto hace que la imagen del gobierno sea aún más importante ya que si el gobierno no cumple con los requisitos políticos y administrativos las ayudas no son canalizadas y la ingobernabilidad se hace presente por la falta de obras públicas y carencia de recursos.

Con el retorno de Honduras a la OEA, Honduras experimentará una inyección de recursos económicos producto de todas las ayudas que estaban detenidas debido a la ilegitimidad del gobierno sucesor del golpe.

Al fin y al cabo el regreso de MEL es visto por seguidores y por detractores como el renacimiento del Ave Fénix.

Para algunos, por la esperanza de un cambio radical y sobre todo moral en las estructuras de poder que controlan al país, por la esperanza de una asamblea constituyente definida por el pueblo y por la creación del poder popular.

Para otros, por la serenidad que les da la inyección de recursos y la disminución de la presión internacional; de hecho para algunos funcionarios que vienen sufriendo las carencias de un gobierno aislado, así como lo dice la Biblia: han pasado los años de escasez de los lobos flacos y se aproximan los años de abundancia de los lobos gordos.

Ahora se vale preguntar ¿si estos lobos gordos se comen, o si más bien ellos nos comen a nosotros?

¿Es bueno o malo el retorno de Honduras a la OEA?

Si bien es cierto, el gobierno de Pepe Lobo no es exactamente lo que llamaríamos “legítimo por antonomasia”; además, debido a la calidad de los políticos de turno, sabemos que es dudoso el destino de las ayudas internacionales a recibir. Pero a pesar de este sombrío panorama también debemos aceptar que por lo menos algo de las ayudas llegará al pueblo, por lo menos lo suficiente para justificar los presupuestos, que ya son varios millones. Para aquel ciudadano analfabeto que no sepa nada de política, recibir un bono diez mil o un medicamento en un hospital, estas ayudas serán importantes y necesarias, cualquier ayuda que llegue al pueblo será recibida por este como agua en el desierto. Y lo peor sería privar a este pueblo hambriento y abusado de sus medios de subsistencia.

Otro beneficio, además de las ayudas, es que se espera que con la colaboración de la OEA la observación internacional al respeto de los derechos humanos también sea fortalecida.

En general este es un paso necesario en el proceso de acuerdo político o resolución de la crisis. Tampoco debemos esperar que los cambios se den automáticamente y que sean victorias absolutas. En Honduras, la resistencia deberá seguir luchando incansablemente por que se cumplan los nueve puntos  del acuerdo de Cartagena de Indias que incluyen las garantías necesarias para que el pueblo en resistencia organice su movimiento político para la toma del poder.

Otro asunto pendiente es ¿cómo debe el pueblo hondureño hacerse del poder? Para eso ha sido necesario otro artículo completo, que aún está en construcción…

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