Trenes rigurosamente vigilados

PEKÍN, por Natalia Tobón Tobón @ntobontobon

“Bienvenidos al tren expreso Beijing – Shanghai. Un nuevo sistema que orgullosamente presenta China, que alcanza velocidades de hasta 305 kilómetros por hora y conecta ambas ciudades en menos de 5 horas. Las sillas, tanto de primera como segunda clase, pueden reclinarse hasta 180 grados y el uso de última tecnología les permitirá disfrutar el recorrido sin sentir alguna molestia”.

Así nos saluda el altavoz del tren de alta velocidad con destino Shanghai. Un tren, que debo confesar, tuve miedo de tomar.

Quizá me he vuelto muy china. De tanto leer posts y blogs de chinos preocupados por los estándares de seguridad de sus trenes, se me pegó la desconfianza. Y no era para menos. A finales de julio, menos de dos meses después de ser inaugurado, uno de los trenes de esta línea se estrelló en la ciudad de Wenzhou, descarrilando varios de sus vagones. El incidente, que dejó un saldo de 40 muertos y 190 heridos, fue una vergüenza para el gobierno cchino, que tanto se vanaglorió su nuevo y moderno sistema ferroviario. Orgullosamente lo había presentado al mundo como su obra maestra y regalo de cumpleaños a su sociedad por los 90 años del Partido Comunista: un adelanto tecnológico hecho con diseño y producción china (acá una nota sobre las megaobras de cumpleaños).

El choque, unido a otros problemas de corrupción y falta de fondos, frenó la carrera ferroviaria del dragón y forzó a regular y controlar todos los nuevos trenes bala.

Pero hoy, escribiendo este post a 304 kilómetros por hora (o al menos eso marca el contador del vagón 5) y sin pensar en todos los problemas que se derivan de los procederes chinos, debo decir que una vez más, China logra sorprenderme.

En 2005, cuando llegué por primera vez a China y viajé a Shanghai, me fui en un tren que tardó 16 horas. Cómodo, con seis camas por compartimento, y con una ligero sabor a socialismo: masivo, útil, pero eso sí, sin perderse en detalles como diseño, color u olor.

Hoy, al contrario me encuentro con un tren impecable: el staff perfectamente vestido y el diseño interior es simple y moderno. La armonía prima en color, combinación de materiales y repartición de espacios. Un tren que no tiene nada que envidiar a otros en el mundo. Todo esto fue montado en menos de seis años.

Los chinos de diferentes sectores económicos lo ven no como un orgullo nacionalista, como muchos medios lo han retratado, sino como un mecanismo más de transporte que les ha traído grandes beneficios para la movilidad social. Sentado al lado mío, Zhuang, de 31 años, me dice que desde su inauguración nunca volvió a tomar el avión a Shanghai, pues además de caro es incómodo, especialmente por el tiempo perdido haciendo check-in. “¡Además, puedo usar el celular e internet!” añade, y eso sí que se convierte en un factor positivo para los chinos, siendo un país de 800 millones de usuarios de telefonía móvil.

¿Cuánto tiempo necesitaremos para tener un sistema de trenes similares en América Latina? Me temo que mucho. No son sólo cuestiones de dinero sino de dirección política y orientación nacional. Este tren hace parte de la política de transporte ferroviario de China puesta en marcha desde hace más de diez años, apuntando a convertir a China en el país con mayor número de líneas rápidas del mundo. La ambición ha sido tal, que hace poco se anunció que por problemas de deuda han debido suspender algunas de sus obras (acá una nota sobre el anuncio de suspensión)

Y me acuerdo de mi ciudad, en la que también por problemas de deudas se suspendieron las obras, pero esas sí no se pueden ver, ni montar, ni usar porque quedaron sin terminar y la deuda adquirida -y que aún se sigue pagando de los bolsillos de los ciudadanos- no se materializó.

Estando en Pekín he encontrado a varias delegaciones de diferentes países latinos que vienen a presentar grandes proyectos de infraestructura a potenciales inversionistas y contratistas chinos. Se habla de grandes obras, que recorrerán los países de lado a lado y que traerían el tan esperado desarrollo de la región. Creo que estamos en el camino adecuado y que nuestra visión está comenzando a hacerse de largao alcance

Mi consuelo es que además de aprender de su tecnología, aprendamos de su proceder y de su historia. Pues la China que vemos hoy en día no se construyó en cinco años sino en más de treinta, desde que Deng Xiaoping puso a marchar el país. Y es allí donde como país, y como región, deberíamos pensar a pasos grandes.

Y además que también conozcamos sus errores, para así, en el momento de tomar la decisión en las licitaciones, tener mucho cuidado frente a los estándares de producción y calidad para que no pasen accidentes iguales en nuestros países, en afán de salvarse unos pesos (en esta nota hablamos precisamente de los accidentes ferroviarios y los nuevos proyectos de China Railway en América Latina).

Robándome el título de un gran libro: los trenes deberán ser rigurosamente vigilados. Pero que sean trenes. Y ojalá sean rápidos.

* Natalia es literata y politóloga (Universidad de Los Andes, Colombia) con un diplomado en periodismo literario de la Universidad Externado. Dirige la agencia China Files y es una de las fundadoras de Facción Latina, el primer networking latinoamericano en Beijing.

2 pensamientos en “Trenes rigurosamente vigilados

  1. Gracias por esta nota sobre el transporte en tren en China. Cada día viajo en un tren urbano de mi casa al trabajo en Buenos Aires, lleno, pero lleno de personas, incomódo, deteriorado pero, eso sí, económico y lo más rápido (si anda) en comparación con cualquier otro medio de transporte en la ciudad.
    Cada día me pregunto porque no se cambia el sistema de trenes? Porque la gente acepta estas condiciones? Porque no se hace más seguro y más comódo. Son los intereses políticos o sindicales o particulares atrás que figuran como obstáculos para la modernización? Es el desinterés? Faltan técnicos para implementar? Porque dinero, sí, debe estar, y es solo una cuestión de invertirlo y tener un plan de mediano y largo plazo. No?

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