Los “indignados” en el mundo: Madrid

MADRID, por Mikaela Guariniello

Han pasado cinco meses ya desde que nació el 15-M, un movimiento apartidario, transparente y pacifista que surgió a raíz de la inconformidad de los jóvenes españoles ante la falta de representación política y el bipartidismo al que el país se encuentra sometido. La primera manifestación, el 15 de mayo, acabó cuando la policía desalojó de madrugada a los participantes, concluyendo así la noche con 19 detenidos. Ante esta injusticia, a la noche siguiente un pequeño número de españoles decidieron dormir en la plaza de Sol de Madrid, naciendo así Acampada Sol, cuyo campamento lo irían ocupando cada día más y más gente.

Yo, al igual que miles de jóvenes españoles, decidí quejarme de día y acampar de noche para mostrar mi indignación ante la situación de mi país. Canté a coro “que no, que no, que no nos representan” igual que todos sin importar mi nacionalidad, y estuve callada durante el minuto de silencio con las manos alzadas al cielo, como el resto.

Cinco meses después, el 15-M vuelve a ocupar las calles de España, donde cientos de miles de personas se han manifestado con la misma indignación del primer día. En estos momentos no me siento extranjera, sino al contrario, me siento más española que nunca. Más de medio millón de personas abarrotaron las vías y avenidas de la capital el sábado 15 de octubre; el sentimiento de unión era tal que no existía diferencia alguna entre altos y bajos, rubios o castaños, ni jóvenes y ancianos: todos éramos y somos indignados.

Uno de los colores que tiñó cada rincón de Madrid fue el verde, ya que es el tono que se encuentra en la imagen de la consigna “Escuela pública de todos para todos”. Se veía en las camisetas de un enorme número de manifestantes, que aprovecharon para mostrar su crítica y desacuerdo ante los recortes educativos que se están llevando a cabo en la capital: 2.500 puestos de profesores de la enseñanza pública han sido eliminados, a pesar de tener unos 14.000 alumnos más. Además,  disminuyen las becas de transportes escolares y de comedor, no se sustituirá a profesores con bajas de menos de tres semanas, se elevarán las horas lectivas del profesorado, etc.

La rebelión contra estos recortes educativos se ve no sólo en este color sino en el gran número de huelgas y manifestaciones realizadas desde que en septiembre comenzaron las clases. Es la lucha por una educación pública en condiciones.

A lo largo de mis 11 años en España siempre he sentido como si mi país de origen -Chile- y el de residencia no se encontraran en el mismo punto, como si nunca se viviera lo mismo en uno y el otro a la vez, ni pudiera sentirme identificada por lo mismo como chilena y como española. Por fin puedo decir, al salir a la calle, al ver los periódicos, las noticias, al hablar con mis amigos y mi familia, que un mismo sentimiento de crítica y activismo juvenil llena los dos países que conforman mi identidad.

Por fin me siento identificada con los sucesos que llenan las avenidas de ambas capitales en las que crecí, donde el pueblo grita esperanzado por un cambio del que urge su llegada.

* Mikaela es una joven chilena, estudiante de Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid. Desde el año 2000 reside en Madrid (España), donde trabaja como fotógrafa y periodista independiente.

2 pensamientos en “Los “indignados” en el mundo: Madrid

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