Los “indignados” en el mundo: Melbourne

MELBOURNE, por Martín Obaya

Con el carácter pionero que le impone la geografía, es probable que Australia haya inaugurado la serie de manifestaciones públicas del 15-O que se realizaron el pasado fin de semana en alrededor de 1.500 ciudades del mundo (y que en el caso de Melbourne se extenderán durante toda la semana).

En Melbourne, la convocatoria tuvo lugar en City Square, en el centro de la ciudad. En un espacio bastante reducido, se montaron unas seis o siete carpas donde se distribuían afiches, publicaciones, y se ofrecía información sobre la agenda de temas que convocaba las movilizaciones, fundamentalmente centrada en la actual crisis del sistema capitalista y el progresivo debilitamiento de los sistemas democráticos.

En la plaza también había distintos espacios para libre expresión, habilitados en el speaker’s forum. Quien lo deseaba podía expresar ideas y compartir opiniones sobre cualquier tema. Si bien los organizadores anunciaron que no habría otra amplificación que el “micrófono del pueblo” –aunque se contemplaba la posibilidad de permitir el uso de megáfono–, la regla, como puede verse en las fotos, fue finalmente transgredida.

También se ofreció un espacio para la discusión y reflexión. Colgados de las carpas y postes de luz, los carteles daban a conocer la agenda de talleres que tendrían lugar durante el fin de semana (la lista completa, aquí): desde temas sindicales hasta cuestiones de medioambiente, pasando por los problemas de la globalización financiera y la cuestión indígena.

Entre las muchas pancartas expuestas, hubo una que llamó especialmente mi atención. Se leía: “Apoyando a los estudiantes chilenos: la educación es un derecho humano”.

Era de un grupo de latinoamericanos radicados en Melbourne –especialmente chilenos, que por aquí son mayoría– que organizaron la Red Solidaria con los Pueblos Latinoamericanos, una organización que difunde información sobre conflictos, reclamos y movilizaciones que tienen lugar en América Latina. No sólo me resultó interesante que la difusión de estos temas se promueva aquí en Melbourne, sino –y especialmente– que el sentido final fuera que las dinámicas de la lejana América Latina puedan servir de inspiración para Australia, tan distinta y a la vez parecida.

¿Cuál es el origen de estas manifestaciones de alcance mundial que cuestionan el funcionamiento del sistema capitalista, en particular el patrón de acumulación basado en la renta financiera que se ha ido consolidando en los últimos 40 años? En lo inmediato, la referencia más cercana, es el movimiento Occupy Wall Street, surgido en el corazón mismo del centro financiero mundial (ver post desde Nueva York). Un poco más lejos en el tiempo nos encontramos con el movimiento de los “indignados” de Puerta del Sol, en España, iniciado en marzo de 2011. De hecho, los organizadores del evento melburniano han hecho propio el manifiesto Democracia real ya, redactado por sus pares españoles. Más atrás aún, creo que las raíces de esta movilización deben rastrearse en aquellas que tuvieron lugar en Seattle, en 1999, donde el movimiento anti-globalización adquirió una gran visibilidad mundial al lograr frenar el lanzamiento de la primera ronda de negociaciones de la Organización Mundial de Comercio.

Sin embargo, hay un elemento novedoso en las manifestaciones de 2011: han dejado de ser concentraciones reservadas a un pequeño grupo de organizaciones no gubernamentales para convertirse en un movimiento capaz de movilizar una gran masa de ciudadanos a lo largo del planeta. Este masificación resulta de la incorporación de amplios sectores de la clase media de los países más ricos (“Somos personas normales y corrientes”, reza el manifiesto), que han visto seriamente dañados sus derechos a partir de la crisis financiera internacional que se desató en 2008. Y ven que la perspectiva de una profundización de la crisis en el futuro inmediato amenaza con un recorte aun más profundo del Estado de Bienestar.


Es difícil no coincidir con el diagnóstico global presentado por el movimiento (luego, en un nivel más detallado es posible encontrar muchísimas interpretaciones distintas y propuestas distintas): la consolidación del proceso de liberalización de los movimientos financieros –y el consecuente crecimiento de las corporaciones internacionales– coincide con la reducción de la tasa del ritmo de crecimiento económico mundial, con el aumentado de su volatilidad y, al mismo tiempo, contribuyó a aumentar los niveles de desigualdad entre países y entre personas en su interior. Los gobiernos han perdido autonomía y capacidad para controlar a corporaciones globales que concentran, en cambio, un poder cada vez más mayor.En este contexto, los derechos sociales de los ciudadanos se han visto progresivamente recortados ante la necesidad de atender las demandas de ahorro y reducción del Estado impuestas por el “mercado”. La democracia resulta así lesionada, al desaparecer los canales de articulación de las demandas de los ciudadanos que se sienten cada vez menos representados por sus políticos.Mi acuerdo con el diagnóstico no alcanza, sin embargo, a las propuestas que me tocó escuchar mientras estuve en la plaza (para ser justo, sólo estuve algunas horas durante el sábado). Se auspiciaba en ellas un sistema productivo basado en la autogestión y una forma de gobierno de democracia directa, en la que queden anulados los partidos políticos y los Estados.En lo personal celebro la existencia del movimiento pero, al mismo tiempo, creo que su efectividad depende de la capacidad de generar propuestas efectivas basadas en el análisis de la realidad: por ejemplo, no logro imaginar cómo megaciudades como Buenos Aires, San Pablo o Ciudad de México podrían ser sustentables a partir de gobernarse bajo un régimen de democracia directa (lo que no es lo mismo que crear mecanismos de participación más directa de los ciudadanos, a la Porto Alegre, que sí ya están en práctica en muchas ciudades). En síntesis, me parece necesario que las propuestas que surjan de este movimiento puedan servir como base efectiva para el funcionamiento de sistemas económicos y de mecanismos democráticos que nos permitan desarrollar nuevas capacidades para vivir mejor.

Martín es licenciado en Economía (Universidad de Buenos Aires, Argentina) con estudios de maestría en Relaciones Internacionales en la Universidad de Bologna (Italia). Desde 2010 se encuentra en Melbourne, Australia, donde cursa sus estudios de doctorado en Monash University.

4 pensamientos en “Los “indignados” en el mundo: Melbourne

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  2. Felicidades Martin por tu artículo, la verdad que coincido contigo que lo que falta es propuesta. Yo estoy siguiendo muy de cerca el movimiento de indignados en México, un país en donde la situación de violencia, corrupción flagrante e ineficiencia política deja de ser indignante y se convierte en una emergencia que pone en peligro no sólo la gobernabilidad sino el orden social. Creo que caer en supuestos como el de que el sistema esta perverso y por lo tanto hay que aislarse del sistema son además de bizarro, anticivilizatorio. Celebro a los que como tu cuestionan la practicidad de las propuestas y nos invitan a la reflexión de que todos estamos de acuerdo en que queremos un mundo mas justo pero nos falta mucho para construirlo.

  3. A los Indignados del Mundo…
    Cuando se torna insoslayable, que la civilización humana, debe optar entre la racionalidad económica o resignarse a una extinción apocalíptica; como una señal de esperanza, para los miles de millones de indignados en el mundo; se elucida, un nuevo Pensamiento Económico, que decodifica programáticamente un Modo Económico-Humano-Racional; con suficiencia sistémica para contener siglos de egocentrismo económico y equiparar el crecimiento económico con el desarrollo humano, en el designio superior de redimir la dignidad humana.
    Correspondiendo, por conciencia de vida, a todos los indignados por la imperante barbarie económica; empezar a desarraigarse de las clásicas directrices económicas, actualmente en crisis sistémica terminal; y atreverse a expandir los estadios del conocimiento adquirido, para facilitar el entendimiento de los primeros, dos enunciados a la humanidad; que dejan entrever sumariamente, la factibilidad cierta de nuevos fundamentos socioeconómicos.
    En pertinencia, si surgen críticas, inexcusablemente deben ser con conocimiento pleno de causa; las críticas constructivas, deberían enmarcarse en una dinámica perfectible de la teoría; como las críticas destructivas, deberían tener un sustento de antítesis, que exponga alternativas superiores y viables; no vertidas por obnubilad egotista, de oponerse simplemente por oponerse…
    J-Karim
    http://www.racionalidadeconomica.org

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