Los (no) “indignados” en Pekín


PEKÍN, por Natalia Tobón
@ntobontobon

Las noticias reportaron unos cuantos extranjeros reunidos en Shanghai. Otros medios hablaron de unas decenas en Hong Kong. Pero en Pekín y en otras ciudades chinas no se vieron indignados ni sus cánticos sonaron por las calles. No es que no haya chinos que piensen que el sistema esté mal. Es sólo que muchos no saben que se puede salir a la calle a reclamar el cambio.

Muchas veces opino que China, como otros países asiáticos, no puede ser juzgada bajo la vara occidental. Acá los conceptos que a nosotros nos han enseñado a valorar como preciados (democracia, libertad, o manifestación), adquieren otra dimensión muy distante a la que conocemos. No la defiendo ni la quiero atacar: la situación se puede ver desde varias perspectivas.

En China no hay indignados porque no existe la costumbre de salir a protestar, no existe una ley que lo permita, ni existe la conciencia de que salir a la calle pueda cambiar algo.

Varias veces he hablado con chinos de mi edad, que representan hoy en día la edad promedio de personas indignadas en el mundo. Las ideas de la desigualdad económica o de la maldad capitalista aún no entran en la mentalidad colectiva pues mal que bien, gracias al sistema actual, China se encuentra mejor que antes. China sigue amparada bajo el aura socialista, dentro de la cual los jóvenes de los años ’80, a pesar de tener internet, acceso a la comunicación y disfrutar de la China moderna, aceptan las cosas como son porque no creen que haya un mejor sistema. (Acá pueden leer un artículo sobre los jóvenes de la generación post ’80).

Por otro lado, aquellos que podrían protestar por la injusticia, que serían inmigrantes trabajadores de fábricas y obreros, no tienen la educación o preparación para juzgar que el sistema actual tiene grandes fallas. Ellos, en su mayoría, agradecen la opción de tener un trabajo estable y de contar con un ente superior (instituciones locales) que vela por ellos. De nuevo, el aura socialista.

Y por último, quizá la gran burbuja de esa aura, está el control político, militar, policial e ideológico: las grandes protestas en China terminan mal. Para no irme más lejos, puedo hablar de los fallidos llamados a la Revolución Jazmín en China. Un deseo de contagio de las primaveras árabes de las cuales realmente solo quedó el cansancio y un tanto de preocupación.

A mediados de febrero, un grupo de chinos residentes en el exterior filtraron mensajes por blogs, microblogs y páginas de internet sobre una posible reunión en 13 ciudades chinas, en zonas turísticas. En Pekín, la zona denominada fue la calle comercial Wangfujing. Llegó el esperado primer domingo de reunión y el resultado en Pekín fue el siguiente: cientos de policías se congregaron frente al punto de encuentro, acordonando la calle y prohibiendo el ingreso a extranjeros.

Unos cuantos chinos, efectivamente salieron a reclamar libertad y democracia, y muchos chinos, entre turistas y transeúntes, terminaron convirtiéndose en falsos protestantes pues ante la masa comenzaron a cuestionarse quién era la estrella a la que protegían los policías, y se quedaron buscando la forma de conseguir el autógrafo (comparto el recuento de jazmines de ese primer día y un análisis más detallado de prensa y censura).

Un fracaso. Pero excitante fracaso dirían muchos: por fin, la gente se tomó las plazas en China.

Quienes convocaron la primera protesta reforzaron sus mensajes y prometieron extender las reuniones a 24 ciudades y reforzar su acción si la policía los bloqueaba. Pero al segundo domingo la policía aumentó su radio de acción, y el bloqueo al ingreso comenzó unas cuadras más. Curiosamente apareció una reconstrucción de anden justo al frente del punto encuentro y obligaron a todas las personas a circular por las calles, sin dejar un minuto de congregación.

Cuando intentamos entrar a la calle nos pararon y tuvimos que tomar varias calles paralelas para llegar a la supuesta masa. En cambio, los chinos pudieron entrar tranquilamente: la policía estuvo más preocupada por las acciones de los extranjeros que de sus mismos chinos. (Acá pueden ver un recuento en fotos de ese segundo domingo). La razón es sencilla: acá en China no hay conciencia de la protesta y no hay práctica de queja por cosas que están más allá de su poder. Cuando finalmente llegamos, nos encontramos con gente caminando y con muchos policías.

Con el pasar de las semanas, los llamados se hicieron más débiles (un reporte más completo acá ). Al mismo tiempo el régimen controlador se fortaleció, dejando una oleada de más de 54 arrestos y detenciones a activistas, defensores de los derechos humanos y activistas, entre ellos el célebre artista Ai Weiwei.

En el caso de los jazmines, China se blindó con su control de la red. La palabra jazmín fue rápidamente censurada y armonizada en posts y comentarios y cualquier intento de difundir actividades se transformaría en detención, amenaza o bloqueo. Sin embargo, en el caso de indignados -además del fuerte control político- hay una cierta protección. Es un tema de que aún no toca de lleno a los chinos, que se rigen bajo una economía de mercado. Es un mal, dirían, occidental. Típico del capitalismo democrático.

En días pasados el vocero de Relaciones Exteriores, Liu Weimin, dijo que Pekín reflexionará sobre los movimientos de los indignados en el mundo. Según el vocero, hay problemas que pueden ser analizados para llevar a un desarrollo fuerte y estable de la economía mundial. A pesar de que en China son cada vez más los millonarios y los billonarios superan en fortunas a sus colegas en el extranjero, la conciencia de desigualdad de clases aún no se ha masificado.

Fueron muchos años que se demoraron en establecer que la revolución efectivamente había eliminado a los capitalistas, feudalistas y terratenientes. Faltan aún varios años para que el concepto de que ellos han regresado y que controlan el país ingrese en la mentalidad de los pobres y se lancen a las calles ellos mismos, a crear la revolución.

* Natalia es literata y politóloga (Universidad de Los Andes, Colombia) con un diplomado en periodismo literario de la Universidad Externado. Dirige la agencia China Files y es una de las fundadoras de Facción Latina, el primer networking latinoamericano en Beijing.

Un pensamiento en “Los (no) “indignados” en Pekín

  1. Pingback: Especial de Nueva Sociedad: los “indignados” en el mundo « Blog NuSo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s