La conciencia china

PEKÍN, por Natalia Tobón Tobón
@ntobontobon

Ya ha dado la vuelta al mundo la noticia de que Yueyue, una niña china de dos años, fue ignorada y abandonada por 18 personas que pasaron a su lado durante más de siete minutos después de que fuera atropellada dos veces (una van la arrolló con las llantas delanteras y posteriores, y luego una furgoneta).

La niña fue finalmente atendida por una señora que recolectaba basura, solicitó ayuda y logró llamar la atención de los padres. La niña llegó al hospital con muerte cerebral y después de ocho días falleció. Ambos conductores ya están detenidos. El primero fue capturado y el segundo se entregó, no sin antes decir públicamente que hubiera preferido la muerte inmediata de la niña pues así habría ahorrado los gastos de indemnización.

Zhang Lijia, famosa escritora china, publicó un artículo en The Guardian titulado “¿Cómo puedo estar orgullosa de mi China si somos una nación de 1.400 millones de corazones de piedra?”.

El escándalo incluso tocó fibras nacionales. Los comentarios en la red con sensaciones de lástima, tristeza y vergüenza abundan. Unos ya se han atrevido a llamar al Human Flesh Search Engine (motor de búsqueda de carne humana) para buscar y castigar virtual y físicamente a los transeúntes que se negaron a mirar a Yueyue. Si no conocen este fenómeno, este artículo explica el modelo de búsqueda de personas mediante internet para castigarlos, ofenderlos y martirizarlos por cuestiones morales.

Otros sin embargo, culpan a la ley. O mejor dicho, culpan a un juez de Nanjing que condenó a un joven, Peng Yu, a cubrir todos los gastos de hospital de una señora que Peng había llevado al hospital después de que ésta se había caído por la calle. La señora, muy de corazón de piedra como dice Zhang, culpó al joven de su caída. Y el juez le creyó, pues afirmó que la acción de Peng iba en contra del sentido común: seguramente había ayudado a la señora por remordimiento de conciencia.

Debido al juez de Nanjing que abanderó la ley china, muchos comentarios afirman, sin vergüenza, que también habrían ignorado a la niña. Todos coinciden que viven en un país donde es mejor no ayudar para no involucrarse.

Una vez iba con Huang, un conductor chino, por Dongzhimen, una de las calles más importantes de Beijing, cuando vimos a una señora tirada en el piso. La escena se complementaba con otra señora que le “echaba viento” a la caída y otra que hablaba preocupada por teléfono delante de su carro –un Audi-. La señora no se movía y le pregunté si debíamos parar para ayudarles.  Se rió diciendo que “las mujeres viejas son un problema (老女太麻烦!)” y siguió derecho. Viejas o jóvenes, hombres o mujeres, ayudar a alguien en China puede ser un gran problema.

Los casos en los que se evita afrontar la justicia por accidentes de tráfico es tal que se han llegado a cometer asesinatos de personas que con leves heridas podrían pedir sumas absurdas de dinero. Hace unos meses, Yao Jiaxin, un joven de 21 años, fue ejecutado por acribillar a una mujer a la que acababa de arrollar con su auto, precisamente porque quería evitar litigios (aquí se puede leer más sobre la historia de los jóvenes chinos, ricos y violentos).

Después de Yueyue, editoriales y artículos de prensa en China se han dedicado a tratar el tema de la moralidad, del cuidado infantil y de la educación, que van desde hacer un llamado de atención a los padres a estar más pendientes de sus hijos y no dejarlos solos en la calle, hasta la noticia de que la señora que rescató a Yueyue recibió 25.000 RMB por sus acciones. Algo así como un personaje de inspiración social.

Pero en las calles, revivir una conciencia colectiva de ayuda se va a demorar muchísimo más, especialmente porque en China no hay costumbre de ayudar a los desconocidos, ni de ser amables por “educación”, como es común en los países latinos y que nos ha dado la característica de cálidos ante el mundo entero.

Durante los Juegos Olímpicos y la Expo Shanghai, las municipalidades gastaron grandes sumas de dinero en campañas de publicidad que apelaban a la compasión y la colaboración mutua. Los videos y las fotos exhibidas en el metro, la televisión y los grandes medios mostraban a chinos ayudando a los otros: recogiendo el papel que se le cayó al otro, dando una mano al anciano a cruzar la calle, rescatando a un niño perdido o sonriendo a los turistas.

Algo ha cambiado. Es claro que la sociedad china está evolucionando. Pero para llegar a una humanidad colectiva falta mucho porque se trata de borrar decenas de años (volvamos a la Revolución Cultural) en los que la ayuda se veía como un crimen. Ya se está hablando de crear una ley para obligar a ayudar al necesitado, casi como una contracción al juez de Nanjing, pero creo que esto es un llamado a la humanidad.

Y en esto hablo porque así como los chinos evitaron de frente ayudar a una niña, he visto en mi país gente a la que le robana a plena luz del día, personas que escapan después de atropellar a otro, y a muchos otros que por no tener los problemas de frente (violencia, secuestro y pobreza), eso no les afecta.

Es fácil condenar la “inhumanidad” de los 18 chinos y extender la conciencia egoísta china, pero más que un llamado a la educación amorosa y compasiva de los chinos, esto debe ser un llamado a la humanidad mundial. Porque en diferentes niveles, en todas partes del mundo, la noción de no ayudar se ha vuelto más cómoda que la de involucrarse.

* Natalia es literata y politóloga (Universidad de Los Andes, Colombia) con un diplomado en periodismo literario de la Universidad Externado. Dirige la agencia China Files y es una de las fundadoras de Facción Latina, el primer networking latinoamericano en Beijing.

3 pensamientos en “La conciencia china

  1. Desde luego, la primera reacción que uno tiene al leer una noticia tan terrible es cuestionarse “¿quién podría hacer algo así? ¿quién podría pasar de largo al ver a una niña herida, como es el caso de Yueyue?”. Después, empiezas a pensar que quizás se trate de la cultura china, que poseen falta de empatía o debido a leyes como las que has mencionado. Pero tras pensar, y recordar un poco, uno se da cuenta de que han sido miles los ejemplos que ha ido viviendo a lo largo del tiempo en los que hemos sido testigos de momentos en los que alguien ha necesitado ayuda y los transeúntes han seguido su camino, sin intentar ver cómo se encuentra o si pueden hacer algo para arreglar la situación. No se trata pues de la “inhumanidad” de los chinos sino de la “inhumanidad” de los humanos hoy en día. Hace un par de años hubo un gran revuelo en España por el caso de un chica latinoamericana que fue golpeada y pateada en la cara mientras viajaba en tren. Fue agredida sin razón alguna, y ninguno de los viajeros que se encontraban en el mismo vagón hicieron nada para defenderla. Es cierto que este caso es distinto, ya que puedo llegar a comprender el miedo de los pasajeros, la duda que tendrían de si ayudarla los perjudicaría a ellos, siendo agredidos también; pero aún así es horrorso que en cientos de casos ocurra que no nos atrevamos a reaccionar ante las injusticias y atrocidades que llenan las calles.

    • ¡De acuerdo! Precisamente eso fue lo que más pensé cuando vi este caso. Sí, es terrible y quizá podamos encontrar rastros particulares a China. Pero creo que en definitiva, es un llamado a todos nosotros, que en algún momento hemos agachado la cabeza diciendo “esto no tiene que ver conmigo”.

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