El fin de la universidad pública

MADRID, por Mikaela Guariniello

Cuando voy en coche, suelo recordar las conversaciones que tenía con mi madre cuando yo era pequeña y me llevaba a mi colegio de Santiago de Chile por las mañanas. Solía aprovechar esos momentos para responderme todas esas preguntas que yo le hacía durante el día sin parar. Recuerdo cómo me explicó qué era la educación pública y la privada, y también cómo durante mis primeros años, siempre viví la educación pública como algo ajeno hasta que llegué a España.

Llegué con 8 años y comencé a estudiar en un colegio público, y desde entonces siempre he sentido como si estuviera viviendo algo que, de no haberme cambiado de país, no habría sido así. Siempre me he sentido muy privilegiada, la verdad, por poder elegir estudiar en un centro público de calidad, un colegio, un instituto o una universidad. Soy consciente de que si hace 11 años no hubiéramos dejado mi país natal, nada de esto habría ocurrido.

Una de las ventajas de vivir en España ha sido siempre la calidad de vida. Si bien es cierto que los sueldos son bastante más bajos que en el resto de Europa, la calidad de los servicios son un gran incentivo para trasladarse a este país. El problema llega en el momento en que, con los mismos sueldos, desean no sólo subir los precios de todos los productos o los alquileres de las viviendas, sino que se intentan privatizar todos esos servicios públicos que hacían de España un buen lugar donde vivir.

Si ya hablé sobre la “marea verde” que llenó Madrid en la última manifestación del 15M, y en otras muchas manifestaciones, donde estudiantes y profesores indignados se quejaban contra los diversos recortes en la educación pública, ayer jueves 17 de noviembre se convocó una huelga general para manifestarse contra la Estrategia Universidad 2015, que cambiará todo el modelo de la universidad pública tal y como la conocemos los jóvenes que vivimos en España.

Con este nuevo modelo, los costes subirán un 300% en las segundas matrículas y un 600% en las terceras, pasando así a costar de €78 a €287 en el primer caso, y en el segundo de 102€ a 475€, por cada asignatura. Por lo tanto, ya no todos podrán permitirse estudiar carreras tan exigentes como medicina o diferentes ingenierías, tan sólo aquellos cuyas familias posean un alto nivel económico.

Como el incremento de las matrículas será muy elevado, se dará a los alumnos unas becas-préstamo que tendrán que devolver cuando finalicen la carrera y empiecen a trabajar. Es decir, saldremos de la universidad endeudados. Además, como el Plan Bolonia hace que la asistencia a las clases sea obligatoria, esto hace imposible la posibilidad de estudiar y trabajar a la vez, por lo que quien no pueda pagar el coste de la matrícula, no tendrá otra opción que no sea la de aceptar esta beca-préstamo.

La financiación de las empresas privadas será cada vez mayor, y además, los Rectores, que hoy son escogidos por votación del alumnado y profesorado, serán impuestos por un Consejo Social formado en su mayoría por empresarios y políticos.

Está claro que, con todo esto, la universidad pública tal y como hoy la conocemos, desaparecerá.

En mi opinión, es innegable que debe haber un cambio en la manera de financiarla, puesto que la mayoría de las universidades públicas españolas apenas tienen dinero. Además, al tener un coste tan bajo, un gran número de estudiantes no siente la presión de que debe finalizar la carrera en los años que debería, y son muchos los casos en los que alargan su periodo estudiantil hasta las 27 años. De cualquier forma, no creo que la manera adecuada sea mediante la sanción económica, pero sí por medio de la incentivación y de otro tipo de sanciones que no tengan que ver con el incremento desmesurado de las tasas anuales.

Soy consciente de que pertenezco a la última generación que disfrutará de una enseñanza pública de verdad, y que, por suerte, podré acabar mi carrera sin tener una deuda a mis espaldas por el mero hecho de haberme formado y estudiado. Por ello, es el momento de salir a la calle y dar a conocer esta terrible modificación de la enseñanza, de la que apenas se dice nada en los medios de comunicación. La educación es un derecho y no un privilegio, y todos deberíamos poder disfrutar de ella sin sentir lo contrario, sin sentirla ajena a nosotros, como yo la sentía cuando mi madre me hablaba de ella de camino a mi colegio de Chile.

* Mikaela es una joven chilena, estudiante de Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid. Desde el año 2000 reside en Madrid (España), donde trabaja como fotógrafa y periodista independiente.

3 pensamientos en “El fin de la universidad pública

  1. Es muy cierto este artículo. Yo también disfruté de una educación universitaria pública en la única universidad pública de mi país. Lo que a mi me preocupa también es que ahora ni con una licenciatura se encuentra trabajo acorde a la carrera, después de inversión de tiempo , dinero para otras cosas.

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