Fiestas familiares

MADRID, por Mikaela Guariniello

Cada año sucede lo mismo, apenas empieza a asomarse el frío en Madrid, las calles comienzan a llenarse de luces y colores, y uno no puede evitar pensar que aún falta más de un mes para Navidad, y que aún así los puestos de regalos, los árboles adornados y los Papá Noel gigantes lo inundan todo.

Cada año que pasa pareciera que la  Navidad comenzara antes, y aunque es innegable lo bonito que está Madrid así de colorido, así de cálido aún con las temperaturas bajas, a medida que se va acercando la fecha, el sentimiento de no pertenecer aquí se va agrandado.

Las llamadas a larga distancia, los e-mails o las conversaciones por Skype se convierten en la rutina de estas fechas tan familiares. Se llenan de “¿te acuerdas de aquel año nuevo…?” o “te envío esta foto de la Navidad del ’96” y uno no puede evitar que la nostalgia se confunda un poco con los villancicos y los anuncios de perfume que suenan a cada hora.

Es bonito pasear por Sol y por la Plaza Mayor y ver a la gente con pelucas y gorros de Papá Noel. Fue lo que más me llamó la atención en mi primer año aquí, el hecho de que los españoles aprovecharan siempre cualquier festividad para ir con cosas llamativas y graciosas por la calle con total normalidad. También me sorprendió que celebraran con tanta importancia la Noche de Reyes, que yo hasta entonces desconocía, y que durante el 25 de diciembre, mi noche favorita en mi niñez, apenas recibieran regalos.

Fue como llegar al mundo del revés, yo nunca había dejado comida para los camellos el 6 de enero, ni si quiera habría creído nunca en los Reyes Magos; tampoco había ido nunca a Cortilandia (“¿qué es eso?” pregunté la primera vez que lo oí”) y cuando fui no me causó asombro alguno porque no era una tradición para mí y lo mismo sucedió con la cabalgata de reyes.

También recuerdo mi primera Navidad y Año Nuevo aquí, tan lejos. Fue raro poner la mesa para tres en vez de estar sentados en el gran salón de mis abuelos junto con todas mis tías. Fue raro no probar la comida de mi abuela ni abrir los regalos en el mismo árbol de siempre. Fue raro ver cómo mis amigos esperaban con ansia el 6 de diciembre, una fecha que para mí no significaba nada.

Fue raro, todo esto, hace 11 años… pero aún así, cada diciembre vuelve un poco este sentimiento de no pertenecer, de tener todo muy lejos, y de que las llamadas con tarjeta o las felicitaciones por e-mail no son suficientes para celebrar con normalidad estas fiestas con toda la familia.

Mikaela es una joven chilena, estudiante de Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid. Desde el año 2000 reside en Madrid (España), donde trabaja como fotógrafa y periodista independiente.

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