Latinoamericanos en el mundo. El año que termina: Pekín

Antonio Celesia, China Files

PEKÍN, por Natalia Tobón Tobón
@ntobontobon

En los seis años que llevo en China he visto pasar desde bicicletas a carros lujosos, desde vestidos de cuello “Mao” a escotes brillantes, desde potreros y extensiones planas a grandes edificios, incluso desafiando leyes arquitectónicas. Los cambios han sido rápidos y, sin duda, impactantes.

El año 2011 fue, sin embargo, un año que no me sorprendió particularmente por cambios físicos en el país. Fue un año más de cambios internos, de una sociedad que está comenzado a ponerse a la par de los adelantos tecnológicos, urbanos y económicos. Que valga la pena anunciar: éstas son reflexiones bastante someras y que pueden parecer generalistas. Pero es sólo un abrebocas: China nunca se podrá resumir en pocas líneas ni mirar con sólo un par de ojos.

1. Entre jazmines

Si pienso en los principales eventos de este año, tendría que empezar por ese pequeño coleteo de la primavera árabe que se sintió en China, después de que los países africanos comenzaron a reclamar independencia. El llamado fue convocado por un grupo de chinos en el extranjero, invitando a jóvenes, mediante las redes sociales, a tomar acción. En un momento llegamos a emocionarnos, no tanto porque se cambiara el sistema (algo que estoy segura no pasará), sino porque era algo muy diferente a las protestas que se viven en China.

Al final, por el control oficial de Internet, la fuerza policial que se desplegó y quizá la falta de interés en una “revolución”, el llamado terminó como una reunión sin olor, ni sabor, ni color a la que nadie fue, y lentamente los pequeños retoños de jazmines se difuminaron en la cotidianidad.

2. Crisis, protestas y economía

China se ha salvado de la crisis mundial. Mil y una razones la han blindado y la han hecho fuerte en el contexto global. Pero internamente, la economía china está sufriendo los golpes del desarrollo, de la famosa economía de mercado y el socialismo con características chinas. De unos dos años para acá, la inflación nos ha dejado con un costo de vida muchísimo más elevado y esto, por supuesto, está afectando a toda la población, incluyendo a los extranjeros que vivimos acá. Así, la historia que ya conocemos en América Latina se repite: “¿te acuerdas lo que comprábamos con 100 yuanes antes?…” En efecto, mis 100 yuanes ya no me alcanzan y todo se ha vuelto carísimo, especialmente en las grandes ciudades.

Igual ocurre con la burbuja inmobiliaria que se ha creado a partir de la construcción masiva (muchas veces innecesaria, que dejan edificios enormes desocupados) y la especulación de precios. A inicios de este año, el dueño de mi casa llegó con un posible nuevo inquilino porque pagaría más. Me puso de frente a él y me tocó escoger: o pago más o él se queda con mi casa. Pagué más. Al final todos terminamos pagando más. China ya no es barata y esto se ve reflejado en que muchísimas fábricas comienzan a cerrar, y dejan a cientos de personas desempleadas y así surgen protestas masivas a lo largo de todo el país.

Uno de los retos para 2012 para el gobierno chino será estabilizar la inflación y controlar el desempleo. En China la línea entre dinero, estabilidad y armonía es una sola. Y sin plata, los chinos se pueden salir de control. Acá una nota sobre los nuevos conflictos sociales, “China se frena: la desaceleración y los conflictos sociales golpean al régimen”.

3. 90 años rojos

Este año el Partido Comunista cumplió 90 años y se celebró por lo alto, con mucho rojo, muchas estrellas, muchos hoces y martillos. Son 90 años de reafirmar el poderío y control que tiene la institución que logró llevar a China a donde está hoy. Conocer a personas que aún hoy creen ciegamente en el comunismo, a pesar de que vivan en un país que ha reinterpretado el significado del “comunismo”, es a su vez desconcertante y alucinante. Es la fe. Casi como la religión. Pero al mismo tiempo, el guanxi o las relaciones benéficas se tejen a partir de este ente omnipotente y magnánimo que mira a China desde lo alto. (Si no estás en el partido, no podrás hacer nada en China).

Ver una celebración como tal sorprende, y no sólo por la conmemoración unipartidista sino porque es un homenaje a la estabilidad. Y si bien tengo aún mis reflexiones de cómo un control centrado en un sólo ente trae o no beneficios, es una interesante comparación: un partido fuerte contra los cientos de partidos que nacen y mueren en América Latina antes de las elecciones. Lo efímero que es una idea política latina contra lo pensado y estructurado que es un objetivo chino. Si quieren leer un poco más de cómo se celebró, los invito a leer estas crónicas del aniversario y de los miembros comunes.

4. No hubo cielos azules

Hay una pareja de artistas chinos que se dedicaron por un año a tomarle fotos al cielo de Pekín y contar cuántos días azules vivieron. La obra terminó siendo bastante gris. Este año, fue sin duda, uno bastante gris. Pekín no es ni siquiera una de las diez ciudades más contaminadas de China pero el aire cada vez se está haciendo más pesado. Hay días en donde uno no se da cuenta que algo está mal, pero lo siente: dolor de cabeza, cansancio, ojos secos e irritados. Quizá está de mal humor o tiene un poco de sueño. Y los sentimientos se vuelven síntomas, cuando todos en la oficina se están sintiendo igual. Miramos el único medidor de la contaminación –el de la embajada de Estados Unidos- y entendemos: el aire del día es “hazardous” o incluso “extremely hazardous“. Para no hablar yo, los dejo también con otros testimonios del día en que Beijing superó los records de contaminación.

5. Mis paisanos y la guerra importada contra las drogas

Y este último evento es algo que me duele en el corazón. La guerra contra las drogas se exportó a Asia y acá, con su estabilidad institucional, la combaten con fuerza: con la pena de muerte. Este año, dos colombianos fueron condenados a muerte por tráfico de drogas en China. Uno en Beijing y otro en Guangzhou.

Como procedimiento, la sentencia tiene una suspensión de dos años y puede que la condena sea revaluada al término de este tiempo. Pero lo más triste es que ambos son mulas. No son ni quienes controlan el tráfico, ni los que los embarcaron en Colombia, ni los que la redistribuyen en China. Harold Carrillo y Guillermo Álvarez fueron mulas que en el afán económico se lanzaron al viaje. La pobreza y las deudas no justifican las malas acciones, pero queda demostrado que en la guerra contra las drogas, sea importada, exportada o nacional, la justicia ejercida es asimétrica. Porque quizá “toca matar a la gallina para asustar los monos”.

Natalia es literata y politóloga (Universidad de Los Andes, Colombia) con un diplomado en periodismo literario de la Universidad Externado. Dirige la agencia China Files y es una de las fundadoras de Facción Latina, el primer networking latinoamericano en Beijing.

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