Latinoamericanos en el mundo. El año que termina: Melbourne

MELBOURNE, por Martín Obaya

1. Comida fusión
Me tocó en 2010 celebrar la fiesta del bicentenario de la Revolución de Mayo en el exterior, entre amigos argentinos residentes en Melbourne. No faltaron el mate, los bizcochos y otros platos típicos, como el locro y las empanadas de canguro…

No fue lo único que me llamó la atención en mi vida modelo 2011 en Melbourne.

2. Paquetes de cigarrillo
Los programas políticos en Australia pueden, a veces, parecerse mucho a un congreso de cualquier disciplina científica. Las posiciones políticas se sostienen con estudios “que demuestran que…”. Cierto es que en no pocas ocasiones, en el afán de mostrar que las decisiones están sustentadas en “estudios científicos”, se producen hechos insólitos: por ejemplo, oficialismo y oposición encargando a la misma consultora un estudio sobre los potenciales efectos de un impuesto sobre la emisión de dióxido de carbono que da, en cada caso, resultados distintos. Claro, sólo es necesario modificar los parámetros de los modelos de cálculo utilizados y podremos, según convenga, producir un documento de apoyo u oposición al impuesto.

No puede negarse, sin embargo, que este enfoque de política pública tiene sus virtudes. El caso de la legislación sobre el etiquetado de paquetes de cigarrillo aprobada este año por el Parlamento Federal sirve para ilustrarlas. Sobre la base de 24 estudios que, a partir de evidencia recogida durante más de veinte años, muestran que el etiquetado de los paquetes cumple un rol importante en alentar a los jóvenes a probar el cigarrillos, se promulgó una legislación que establece que: i) los paquetes no pueden contener ningún logo; ii) todos los paquetes deben tener el mismo color amarronado (que, según otro estudio, demostró ser el color menos atractivo); iii) el paquete debe tener advertencias sobre los riesgos para la salud; iv) la marca y variedad de cigarrillo debe imprimirse con caracteres blancos y ser el mismo para todas las marcas.

Finalmente, el paquete quedaría así:

3. Australia Day

Cada 26 de enero, desde 1994, se celebra el Australia Day, que conmemora la llegada de la primera flota inglesa a las costas de New South Wales en 1788. De aquellos barcos, cargados de convictos encadenados, bajaron también los oficiales que declararon la soberanía británica sobre el territorio oriental de la actual Australia.

En un país tan multicultural, con una identidad nacional en permanente formación (después de todo, ¿cuál no lo está?), los distintos gobiernos han tomado el Australia Day, especialmente durante los últimos años,como una oportunidad para pensar –y construir– la identidad australiana.

Como estudiante de paso he participado del Australia Day más bien en carácter de comensal. Sin embargo, no han dejado de llamarme la atención las rimas con la experiencia latinoamericana en lo que en Argentina llamábamos hasta hace no mucho tiempo el “día de la raza”. Como en Australia, conmemorábamos el 12 de octubre el desembarco de Colón en América. Como en Australia, aquella celebración excluía del “festejo” a las comunidades aborígenes sobrevivientes, cuyos antepasados habían sufrido la violencia y dominación de los conquistadores.

4. Una generación robada

En mi visita a Australia Central me tocó conocer a un señor que era parte de lo que en Australia se conoce como la “generación robada” (thestolengeneration). La expresión se refiere a los niños aborígenes que fueron separados (mayormente por la fuerza) de sus familias para ser “re-educados” o “socializados” en los valores de la Australia “blanca”. De esta política participaron, entre 1869 y 1969, el estado federal, los gobiernos estatales y distintas comunidades religiosas.

Yo estaba visitando la vieja estación del telégrafo de Alice Springs, donde funcionó por algunos años uno de los centros “educativos”. En uno de los cuartos había fotos y documentos sobre lo que había sucedido allí. Este señor estaba allí para contar su experiencia personal. Se había reencontrado con su madre a los 40 años, pero no había podido hablar con ella porque no conocía su lengua. Sin embargo, contrariamente a lo que podría suponerse, parecía estar muy agradecido con la tarea del gobierno. Aquello, sostenía, le había permitido trabajar y formar parte de la comunidad. Otros, sin embargo, nunca lograron superar el trauma que aquella experiencia les había generado.

En 2007, el entonces primer ministro Kevin Rudd, prometió que, luego de una rueda de consultas con líderes aborígenes, se realizaría un pedido de disculpas oficial. La oposición se negaba, argumentando que ello crearía una “cultura de la culpa” en la sociedad australiana. En febrero de 2008, finalmente el gobierno australiano hizo oficialmente un pedido de disculpas a las comunidades aborígenes por los daños causados a la stolengeneration.

5. Dinky Dingo, la voz

Esa vez, unos 90 km antes de llegar a Alice Springs, viniendo desde el sur por la Stuart Highway, nos detuvimos en Jim’s Place. Nada parecía distinguirlo de los muchos otros paradores que habíamos cruzado en los casi 4.000 km recorridos hasta entonces: un surtidor para cargar combustible, un restaurante, algunas habitaciones y un terreno libre para acampar. Fue esto último lo que nos llevó a detenernos allí. Había caído la noche y desde hacía ya un rato compartíamos la ruta con canguros, emus y dingos que salían por fin de sus refugios en busca de alimento.

Cuando entramos al salón principal nos encontramos con el siguiente cuadro: un señor canoso sentado junto a un piano con un perro, que resultó, en realidad, ser un dingo. En las mesas dispuestas frente al piano, cinco o seis personas que escuchaban al señor canoso. Dos camareras se sumaban al público. Con algo de pudor nos sentamos en una de las mesas. El señor canoso hablaba sobre los dingos, aquella especie de cruza entre lobo y perro que compartía con el conejo el honor de haber motivado la construcción de miles de kilómetros de alambrado que aun dividen el país. En el caso del conejo se pretendía proteger las pasturas, en el del dingo, las ovejas.

Finalizado el extenso monólogo, una especie de stand-up veterinario, el señor me preguntó si quería tocar el piano. Insistió luego de que le advirtiera que yo no sabía hacerlo. “No importa” -me dijo-, “Dinky te va ayudar”. Luego de una serie de advertencias de rigor, esto sucedió (no tengo video pero lo mismo da ver cualquier otro): Dinky Dingo en acción.

Martín es licenciado en Economía (Universidad de Buenos Aires, Argentina) con estudios de maestría en Relaciones Internacionales en la Universidad de Bologna (Italia). Desde 2010 se encuentra en Melbourne, Australia, donde cursa sus estudios de doctorado en Monash University.

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