¿Consumidor@ yo?

Consumo responsable en México (post I)
por Marioliva González

El primer paso es aceptarlo, tú y yo somos consumidor@s, además de cualquier adjetivo bueno o malo que quieras ponerte o aceptar.

Sin embargo, por difícil que parezca, esta etiqueta de consumidor (o consumidora) es poco adoptada, por lo menos en México. A veces, incluso asumirse como ciudadano o ciudadana es un tema poco internalizado pese a que una cosa es consecuencia de la otra, ya que ser un buen ciudadano también implica ser un consumidor informado, y viceversa.

Comencemos con el término “consumo”: del latín consumere [comburo] que significa gastar, destruir, arruinar. Exactamente eso produce el consumo mal informado, pues el ciclo del consumo dentro de este sistema “autodestructivo” en el que vivimos desgasta el planeta a un ritmo muy superior al que el planeta se recupera.

¿Qué consumimos? Para decirlo en pocas palabras, lo que consumimos son bienes y servicios que “satisfacen nuestras necesidades”. Pongo entre comillas esto último porque no es una afirmación necesariamente cierta; es más bien una construcción del sistema económico en el que vivimos para perpetuarse. ¿O de verdad “necesitas” cambiar de celular, computadora y ropa cada año, temporada, mes?

A veces sí, muchas veces no. ¿Cierto? Y esos son gastos significativos y por eso te puedes dar cuenta con más facilidad si son realmente necesarios, pero ¿qué hay de la botellita de agua, la bolsita de plástico, los popotes, o los envases de “unicel”?  Ese consumo diario que realizamos -en promedio- en unos 10 minutos, se quedará de 25 a 200 años, por lo menos, entre nosotros.

Es importante señalar que también consumimos servicios. Algunos de ellos son “servicios políticos”, por llamarlos de algún modo, que si los consumimos sin previa información, se quedan con todos y todas nosotr@s por un periodo legislativo o presidencial. Y también consumimos ideas o malas prácticas, por ejemplo, dejar que te discriminen al entrar a un lugar, o que te condicionen algún servicio a cambio de un monto mínimo.

Es así que, en promedio, tomamos a diario más de 200 decisiones de consumo que, si no las pensamos bien, afectan negativamente a otros seres vivos, además de a nosotros mismos y a las generaciones futuras.

En esa reflexión me encontré hace ya algún tiempo, tan angustiada por el hecho de que mi vida afectara tanto a otros y otra, que me dio gastritis, literalmente. Por eso decidí que era mejor ocuparme de lo que podía ocuparme, y empezar a preocupar a los demás de lo que me preocupa. Total que años después -no tantos, ¿eh?-, gracias a muchas y muchos ya hay mayor atención (aunque todavía no la ideal) sobre el consumo saludable, responsable, crítico, sustentable, e informado. Por eso aquí estoy, escribiendo en este blog.

Al comienzo mencioné que la ciudadanía y el consumo informado estaban estrechamente relacionados. Pues sí, en algunos países, principalmente los europeos, ejercer la ciudadanía y el poder del consumidor son cosas tan directamente relacionadas que funcionan, de ahí que la calidad de los bienes y servicios estén tan sujetos a controles y evaluación.

Apenas abordamos el tema y tengo muchas cosas que contarte, así que sigue leyendo. En mi segundo post sobre este asunto te daré varios datos asombrosos sobre el  consumo y el medioambiente en México, y compartiré algunos hábitos para que cada vez seamos más los consumidores responsables.

CONTINUARÁ

* Marioliva es directora de programas del Global Youth Action Network, una initiative de TakingITGlobal.
@marioliva4

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6 pensamientos en “¿Consumidor@ yo?

    • Asumir que no podemos consumir nada sin destruir algo es una definición impactante. Por eso, aunque al principio parezca contradictorio, el concepto de “consumo responsable” adquiere un sentido político inmediato: es realista, supone que no podemos dejar de consumir por completo y que deberíamos hacerlo teniendo en cuenta los efectos que causa. Forzando un poco los términos, hasta podríamos pensar que desde una perspectiva ética (kantiana) deberíamos tomar los recursos, bienes o servicios que consumimos no sólo como medios para alcanzar algo sino como fines en sí mismos. Como dice Marioliva, ¿esto me satisface por sí mismo? ¿Deseo o necesito esto que compro, bebo o como, o sólo lo hago por un hábito automático? Es una pregunta simple, que nos obliga a asumir una responsabilidad a diario.
      Florencia Grieco, editora del blog de Nueva Sociedad
      @flowergrieco

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