Más educación, menos residuos

Recuperación de residuos en República Dominicana (parte I)
por Alan Fernández

Yo estudio en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Esta alta casa de estudios –la primera del nuevo mundo– es una ciudad en sí misma: ya supera las 178.000 personas y posee 16 recintos distribuidos en las principales provincias del país. La UASD es la muestra más representativa de cualquier hecho al que se quiera hacer alusión sobre el pueblo dominicano. Es la expresión del pueblo llano en todas sus dimensiones.

Uno de los hechos más visibles es cómo los/as estudiantes vierten todos sus desperdicios fuera de contenedores o zafacones. Ello no se debe a la escasez de unidades donde arrojarlos –de hecho, hay zafacones por doquier– sino a la percepción generalizada de que depositar los desperdicios en ellos no hace ninguna diferencia.

La ciudad universitaria produce toneladas de residuos, que no son clasificados y que pasan a formar parte de la masa indefinida de residuos que se producen en todo el Distrito Nacional, la capital de la República Dominicana.

La forma en que una determinada sociedad trata sus residuos puede ser indicio de sus niveles educativos y de urbanidad. Sobre esta base, muchas organizaciones justifican su existencia; sobre todo, en la necesidad de promover el manejo correcto de residuos en favor de la protección del medio ambiente y la biodiversidad, resaltando también la importancia de la conservación de nuestro espacio cotidiano para disfrute de las generaciones actuales y futuras.

Muchas personas carecen de la orientación pertinente sobre cómo convivir en sociedad con los residuos sólidos que se producen en la vida diaria. Tampoco es común de lo que cada individuo representa a la hora de hablar, contar o medir los desechos que genera. Esto vuelve titánica la labor de concientizar sobre la reducción, la reutilización y el reciclaje de residuos de cualquier tipo y composición.

Construir una sociedad consciente de que es necesario proteger el medio ambiente es muy diferente a construir una sociedad consciente de cómo puede proteger el medio ambiente. Por ejemplo, la sociedad dominicana es atenta y contestataria a cualquier hecho visible que vulnere el ambiente o perjudique alguno de nuestros recursos naturales, en términos generales. Sin embargo, esta conciencia no llega a generar un trato adecuado de los residuos producidos en las casas, oficinas, escuelas y hospitales.

Como sociedad nos encontramos frente a una bruma espesa, pues mientras la alcaldía concentra su presupuesto en la construcción de obras de infraestructura, éstas desbordan de desperdicios a causa de la desorientación de la población que las utiliza.

Junto con la concientización social sobre esto, y el reciclaje de papel podríamos empezar a constituir bases sólidas para establecer ciudades más organizadas, más limpias y con ciudadanos más responsables de sus desperdicios.

CONTINUARÁ…

* Alan es estudiante de Ciencias Económicas en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, activista de Esperanza Verde-RD, y vicepresidente del Cuerpo de Voluntarios de la Asociación Dominicana de las Naciones Unidas (V-ANURD).

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3 pensamientos en “Más educación, menos residuos

  1. Muy buen articulo, felicidades al autor, en Bolivia en la ciudad de La Paz sufrimos del mismo mal, todavía no hemos podido ponernos de acuerdo sobre un mejor trato a los residuos o basura que producimos, en esos casos nos toca a los jóvenes aprender de la experiencia de otros países y otros jóvenes para proponer soluciones, estaré atento para la segunda parte, SALUDOS DESDE BOLIVIA
    INTI RIOJA

  2. Gracias Inti Rioja, por tu comentario. Es desconcertante como constantemente solemos tirar basura en las calles deliberadamente, a sabiendas de que eso tendrá que ser recogido por otra persona que también es un ser humanos. No pensamos en aquel que trabaja recogiendo nuestros desperdicios, mucho menos en nuestro ambiente y como afecta al mismos nuestro día a día.

  3. Pingback: ¿Basura o residuos? | Blog NuSo

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