¿Antropocentrismo o biocentrismo?

Extractivismo en Ecuador
por Andrés Groner

La relación entre el extractivismo, la pobreza y el daño ambiental es bastante directa. Los incrementos en la renta de las actividades extractivas influyen directamente en la calificación otorgada por los organismos multilaterales de crédito.

Son los mismos que, como aves de rapiña, han sobrevolado nuestras economías dispuestos a ofrecer créditos a tasas muy bajas de interés y con la menor cantidad de requisitos. Estos créditos han sido bien recibidos, más de una vez, por los gobiernos de turno y por el sector privado, dejando la economía endeudada a futuro.

Aquí expongo brevemente sólo una arista del problema, que tiene gran magnitud y genera una serie de efectos negativos encadenados en las economías de nuestros países. Seguimos dependiendo –y cada vez más– de los hidrocarburos y los metales, sin hacer referencia a otros recursos como el agua, la madera y la agricultura, que son parte central de las actividades extractivas.

Algunos gobiernos de la región han avanzado más que otros en limitar el consumo de recursos naturales –eliminando subsidios, implementando impuestos. No obstante, creo que la aspiración del hombre con respecto al consumo de recursos sigue siendo la misma: hacerlo de manera individualista y poco sostenible. Dejar de consumir, no es pues, una opción.

En el ámbito académico ecuatoriano se debate mucho sobre la apropiación de la naturaleza por parte del hombre. Con la aprobación de la nueva Constitución en 2008 –que otorgó derechos a la naturaleza–, el debate entre el antropocentrismo y el biocentrismo hizo su entrada al escenario.

El primero confía en que la tecnología puede resolver gran parte de los problemas medioambientales, y cree que sólo se necesita voluntad política para hacerlo. Por otro lado, el biocentrismo plantea que los problemas medioambientales no tienen solución tecnológica; al contrario, cuanto más avanza la tecnología mayor es el daño puesto que la tecnología no está al servicio del hombre ni del medio ambiente. El debate, mucho más complejo, encuentra su punto de ebullición en la filosofía y la economía política. El desafío, evidente por el momento, es permear las decisiones políticas de nuestros países con estos debates.

Esto último me deja la incógnita sobre si la solución al problema del consumo puede venir desde las políticas públicas, o si se encuentra más bien en una sensibilización del hombre hacia la naturaleza, desde ámbitos culturales o educativos. Me termino apegando más a esta última alternativa pues, como dice Herbert Marcuse en El hombre unidimensional: “Los esfuerzos para prevenir la catástrofe encubren la búsqueda de sus causas potenciales. Estas causas permanecen sin ser identificadas por el público porque retroceden ante la obvia amenaza exterior…”.

Andrés es estudiante de la Maestría de Gobernanza Energética en FLACSO. Le interesan los temas de extracción y manejo de recursos naturales, conflictividad política y social, y el nuevo modelo de neo-extractivismo en América del Sur.

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4 pensamientos en “¿Antropocentrismo o biocentrismo?

  1. Efectivamente, el desapego del ser humano hacia la naturaleza ha llegado ya al borde del colapso ambiental. El concepto del Sumak Kawsay en lo particular me gusta bastante, y creo que seria un buen inicio para trabajar en el concepto de la otredad (¿Cómo afecto al otr@ haciendo esto?)

    • Tienes razon, profundizar en el Sumak Kawsay nos haría dar cuenta de como afectamos al otr@ con nuestro consumo desmedido. La paradoja, es que para llegar a entender realmente este concepto (aplicarlo al modelo de vida), se necesita que el Estado haga una reflexion en espaciós educativos que puedan formar a las nuevas generaciones de manera vivencial con este concepto. Habria que preguntarse: actualmente que pocentaje de la población tiene una noción basica sobre el concepto??

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