De la seguridad a la soberanía alimentaria

Una fotografía de la situación ambiental en Argentina mostraría un país altamente vulnerable debido a su perfil productivo: las exportaciones agrícolas y las manufacturas de origen agropecuario son las principales generadoras de renta.

Maité Llanos
desde Buenos Aires

En 1992 se firmó la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Argentina la ratificó en 1994 y en 2001 ratificó el Protocolo de Kyoto, la herramienta contemplada en la convención para establecer metas de reducción de emisiones.

En este sentido, podríamos decir que Argentina hizo bien la tarea. No sólo se realizaron las comunicaciones nacionales (ya está en preparativos la tercera comunicación) previstas por la convención para países como Argentina, que no están obligados por el Protocolo de Kioto a reducir emisiones. La Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable -autoridad de aplicación de la convención- también estableció un comité gubernamental y una comisión integrada por el gobierno y otros actores y partes interesadas vinculados con el proceso de la convención para desarrollar, a partir de 2009, una Estrategia Nacional en Cambio Climático que intentará definir políticas de mitigación (reducción de emisiones) y adaptación (medidas para lidiar con las consecuencias del cambio y la variabilidad climática).

Las dos últimas comunicaciones nacionales, que son una fotografía de la situación ambiental nacional, muestran un país altamente vulnerable debido a su perfil productivo considerando que las exportaciones agrícolas y de manufacturas de origen agropecuario son las principales generadoras de renta.

Recordemos también que el modelo agropecuario ha sido identificado como la principal fuente de emisiones de gases de invernadero. La alta vulnerabilidad significa que la variabilidad y el cambio climático -algo tan simple como, por ejemplo, sequías o inundaciones- pueden afectar severamente la producción nacional, así como el precio de las commodities a nivel internacional.

La Estrategia Nacional es una herramienta de planificación interesante porque busca establecer metas de largo alcance en un país pensado en el corto plazo. Sin embargo, sus objetivos se enmarcan en el mismo modelo de producción, reproducción y consumo que se identifica como vulnerable. Además están encuadrados en una negociación internacional orientada por el mercado y que corre peligro porque no hay acuerdo para la firma de la segunda etapa del Protocolo de Kyoto.

Quiero detenerme en el eje de la producción agropecuaria y forestal de esta Estrategia Nacional para ver qué tipo de país se está pensando para las próximas décadas. Para comenzar, el documento habla de seguridad alimentaria y no de soberanía alimentaria.

Además se centra en cómo adaptar el modelo actual a la variabilidad climática y en ningún momento analiza cómo hacer el tránsito hacia otro tipo de modelo agropecuario y forestal que limite la expansión de la frontera agropecuaria -con las consecuentes expulsiones de pobladores originarios y campesinos, la deforestación y la degradación de los suelos-, y que, por ejemplo, fomente la agroecología, los créditos para pequeños y medianos productores o la conservación de semillas autóctonas, entre otras medidas.

Este tipo de medidas podrían insertarse en un modelo mixto con vistas a avanzar en una transición en la que podrían convivir un sector orientado a la exportación y otro que garantice la soberanía alimentaria. Sin embargo, esto no aparece como una opción en la planificación actual, donde prima, en cambio, el modelo neo extractivista latinoamericano. Es decir, el marco regional de lo que Maristella Svampa llama “Consenso de las Commodities” .

En otro de los ejes se habla de fomentar buenas prácticas agropecuarias y forestales, pero ¿a cuáles se refiere? ¿Mejorar la genética, por ejemplo, como también sugiere el plan estratégico?

En síntesis, la vulnerabilidad económica y climática -y por lo tanto social- se sostiene en una propuesta de planificación del largo plazo que busca “cumplir” con los deberes que imponen los desafíos del cambio climático. Sin embargo, esa planificación no cumple con la meta de una transición hacia un modelo con menores emisiones de gases de efecto invernadero, que proteja a los más vulnerables y que tenga como horizonte la justicia social y ambiental.

Desde 2008 es parte del grupo de Trabajo y Medio ambiente de la Confederación Sindical de las Américas. Asesora a la Central de los Trabajadores de Argentina (CTA) en temas internacionales. Está cursando la maestría de Integración Latinoamericana en la Universidad de Tres de Febrero.

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4 pensamientos en “De la seguridad a la soberanía alimentaria

  1. Pingback: De la seguridad a la soberanía alimentaria

  2. De nuevo, terrorismo ecológico. Meter miedo para evitar utilizar los recursos productivos. El campo da de comer a los argentinos, permite enviar los chicos a las escuelas y promover el desarrollo. El Consenso de las Commodities y artículos como éste, tienen el objetivo de favorecer los intereses agrícolas europeos y estadounidenses y constituye un complot para evitar la independencia nacional.

  3. Yo nunca creí en las trasnochadas antinomias “Patria o Muerte” o de los complots internacionales contra nosotros u otro país. Por eso, deberíamos dejar de lado lo de “terrorismo ecológico”.
    Hoy en día estamos produciendo menos en nuestro campo por las estúpidas políticas del actual gobierno (retenciones, prohibición de exportar).
    También es cierto que la “sojización” de nuestra agricultura ha propendido a la reducción de las áreas de cultivo de nuestros históricos cereales y la de la cría/engorde de ganados (especialmente vacuno). No sé si es realmente cierto, pero se dice que Uruguay estaría exportando más carne vacuna que nosotros.
    El equilibrio sustentable nunca fue una quimera de locos. Alemania es precisamente uno de los países pìoneros en la materia. Nadie puede afirmar que ese país “compite” en la producción agropecuaria con nosotros.

  4. Reblogueó esto en NS/NCy comentado:
    Cambio climático: tan importante, tan fuera de la agenda neodesarrollista en estos pagos. Buen artículo de Maité Llanos.

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