Por qué construir una alternativa contra hegemónica

Mientras las negociaciones internacionales sobre el cambio climático están orientadas por el mercado y por una visión financiera del clima que se expresa en los mercados de carbono, Argentina se ha limitado a defender su modelo agropecuario y a aplicar una estrategia nacional a tono, sin pensar en otro paradigma de sustentabilidad.

Maité Llanos 
desde Buenos Aires

La vulnerabilidad económica, climática y por lo tanto social de Argentina se debe a una forma de enfrentar los desafíos del cambio climático que no contempla una transición hacia un modelo con menores emisiones de gases de efecto invernadero, que proteja a los más vulnerables y que tenga como horizonte la justicia social y ambiental. Esto se vincula también con la posición argentina en las negociaciones de Rio+20 en junio de 2012, que fue útil para los movimientos sociales reunidos de forma paralela en la Cumbre de los Pueblos y que se opusieron a la implementación de la agenda de la economía verde.

Esta posición nacional -que expresa que “no se trata de adoptar un nuevo concepto o transmutar el ya conocido de ‘desarrollo sostenible’ sino de lograr la realización de éste de forma equitativa y equilibrada”- se sostenía en la percepción de que la economía verde se desdoblaría en barreras para arancelarias para la exportación de commodities. Como explicita el mismo documento de la Cancillería argentina: “Las medidas que se promuevan en el contexto de la Conferencia deberían diseñarse e implementarse, de tal manera que: 1. resulten compatibles con los compromisos asumidos por las Partes en las convenciones ambientales ratificadas y con las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC); 2. no constituyan un medio de discriminación arbitrario e injustificable ni una restricción encubierta del comercio internacional”.

Las negociaciones internacionales sobre cambio climático y desarrollo sustentable están trabadas y orientadas por propuestas de mercado, y por la “financiarización” del clima mediante la creación de mercados de carbono y de bienes comunes.

Hasta ahora, Argentina se ha limitado a defender su modelo agropecuario y a aplicar una estrategia nacional a tono con él , sin adoptar medidas concretas que permitan pensar que está transitando hacia el desarrollo sustentable, como anuncian sus posicionamientos y sus políticas externas e internas.

Queda pendiente un gran desafío para las “partes interesadas”, como se suele llamar a las organizaciones sociales en las negociaciones internacionales: lograr coordinar propuestas y establecer una agenda que diseñe otro paradigma de sustentabilidad y que se inscriba en una alternativa contra hegemónica y de armonía con la naturaleza.

Esto requiere un cambio profundo en la cultura de los movimientos, en las agendas tradicionales y en las herramientas de diálogo y acción. La Cumbre de los Pueblos de Rio+20 mostró a través de las convergencias que es posible comenzar a dar algunos pasos en ese camino colectivo.

Desde 2008 es parte del grupo de Trabajo y Medio ambiente de la Confederación Sindical de las Américas. Asesora a la Central de los Trabajadores de Argentina (CTA) en temas internacionales. Está cursando la maestría de Integración Latinoamericana en la Universidad de Tres de Febrero.

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