ESPECIAL Bolivia: lo mejor y lo peor del extractivismo en 2013

Por Fernando Molina
desde La Paz

En Bolivia, 2013 fue un año extractivista, como casi todos desde 1545, la fecha en la que los españoles descubrieron el Cerro Rico de Potosí y decidieron ocupar este arisco país. Más extractivista que nunca, habría que decir, ya que la explotación de materias primas no renovables pagó el 60% de los gastos estatales, y la exportación de gas fue la actividad económica de mayor crecimiento y la responsable –directa o indirecta– de la mayor parte del crecimiento récord de 6,5% del PIB.

Pero el sentido de este ejercicio es encontrar una noticia, aunque sólo sea una, que pueda considerarse “anti-extractivista”. No ha sido fácil: Bolivia está viviendo la “fiesta de los recursos naturales” y por primera vez en su historia goza de cierta holgura económica, así que lo más “anti-extractivista” que se le ocurre es… industrializar el gas.

Hay una esperanza, sin embargo, al menos en el futuro al que apunta la “agenda patriótica”, el plan de las realizaciones que planteó el presidente Evo Morales a comienzos del año, y que el país debería alcanzar al celebrar el bicentenario de su fundación en 2025.

La agenda consigna el siguiente objetivo: “(En 2025) Bolivia dejará de forma progresiva la herencia colonial y republicana de ser solamente un país hidrocarburífero y minero… será un país productor y transformador de alimentos, proveedor y exportador de energía eléctrica (aprovechando plenamente el potencial hidroeléctrico y desarrollando exitosamente proyectos de energías renovables)…, un país turístico, artesanal y manufacturero, productor y exportador de productos alimentarios únicos y de otros de consumo masivo y con alto valor agregado, articulador de servicios de comunicación y transportes y contará con valiosos recursos humanos con conocimientos científicos y tecnológicos…”

Este plan no llega a prescindir de los recursos no renovables, que tan importantes son en la realidad. Mucho menos puede prescindir de ellos la gestión gubernamental, que este año ha consistido, en el área petrolera, en el impulso a la exploración de nuevos yacimientos de gas por parte de empresas de Francia, Rusia, Gran Bretaña y Brasil… Los contratos firmados con estas empresas las autorizan a trabajar en las áreas protegidas de Azero, Huacareta, El Dorado Oeste, Isarzama y San Miguel, entre otras. En total, 10 de las 22 áreas protegidas de rango nacional sufrirán una intervención contraria a las normas ambientales y podrían resultar dañadas por el uso de dinamita en los ríos. Su destino podría ser mucho peor si se hallara gas en ellas.

Pese a ello, el renovado interés prospectivo del gobierno es considerado sumamente insuficiente o incluso insignificante según los expertos petroleros, quienes creen que Bolivia tendría que multiplicar por diez su inversión en exploración si quisiera descubrir suficientes yacimientos nuevos como para abastecer su mercado interno y continuar proveyendo de gas a Brasil y Argentina al ritmo de hoy en diez años, es decir, cuando sus reservas actuales tiendan a agotarse.

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