ESPECIAL México: lo mejor y lo peor del extractivismo en 2013

Por Iñigo G. Martínez Peniche
Desde México D.F.

Lo malo: la reforma energética extractivista. Las élites políticas y económicas mexicanas insisten en continuar con el extractivismo energético.

Ante el pico en la producción de combustibles convencionales, su apuesta se ha orientado ahora hacia una reforma energética, aprobada en días recientes, centrada en la explotación de los recursos fósiles no convencionales que quedan en el país: petróleo de aguas profundas, aceite y gas de lutitas. Los nuevos recursos disponibles son más intensivos en términos de generación de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), además de que los riesgos sociales y ambientales asociados a su explotación son enormes.

La reforma permitirá la participación del sector privado en todas las actividades de la industria energética, garantizando así la continuación de la dependencia del país de los combustibles fósiles. El objetivo es “incrementar la producción actual de petróleo de 2.5 millones de barriles diarios (Mbd) a 3 Mbd en 2018 y a 3,5 Mbd en 2025…y de gas natural de 5 mil 700 millones de pies cúbicos diarios (Mpcd) a 8.000 Mpcd en 2018 y a 10.400 Mpcd en 2025”. El gobierno federal ha pronosticado la explotación de 20 mil pozos anuales para extraer gas y aceite de lutitas (shales).

Lo bueno: la conformación de la Alianza Mexicana contra el FrackingEn agosto pasado, diversas organizaciones no gubernamentales mexicanas conformaron la Alianza con el fin de alertar a la población sobre la falsa solución energética que representa el gas shale para México.

El conglomerado de organizaciones ha iniciado un intenso trabajo para explicar a la población los impactos sociales, económicos y ambientales negativos que conlleva la explotación de este hidrocarburo no convencional. La principal demanda de la Alianza es que debe aplicarse el principio precautorio y prohibirse la explotación de este recurso debido a que “violenta el derecho humano de acceso al agua y el procedimiento para su extracción requiere grandes cantidades del líquido, contamina los acuíferos y contribuye al calentamiento global”.

Se ha buscado cabildear en distintos medios, incluyendo el Poder Legislativo, para convencer a los diputados que ésta no es una opción sustentable para México.

Las luchas que vienen

Tal vez el mayor desafío que enfrentarán las organizaciones progresistas ambientalistas sea informar y concientizar a la gente de las graves implicaciones ambientales y sociales que tendrá para México la reforma energética recién aprobada.

Se trata de una labor titánica no sólo porque la abrumadora mayoría de los medios masivos de comunicación constituye una parte esencial de la alianza elitista que impuso las modificaciones legales, sino porque buena parte de las zonas en donde se encuentran las reservas fósiles que habrán de ser extraídas están controladas por el crimen organizado transnacional, lo que dificulta sin dudas el activismo medioambiental.

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