Papayas, langostinos, drogas y basura. Una torre de Babel colombiana

Corabastos es mucho más que el segundo mercado de alimentos más grande de América Latina. Con sus puertas abiertas 362 días al año, el centro que abastece al 20% de la población de Colombia es también uno de los principales focos criminales de Bogotá por el que pasaron los paramilitares, las FARC y las redes de narcotráfico, y un ejemplo de la desigualdad crónica que se vive en el país: cada día, 120 toneladas de comida apenas magullada van a parar a la basura, de la que se alimentan decenas de mendigos. 

Por Nicolás Martínez

Son las dos y media de la madrugada y por los pasillos que forman las grandes bodegas de esta plaza se ven las primeras personas que empiezan su día laboral. Mientras el resto de la población bogotana duerme, la actividad no para en la Central de Abastos de Bogotá, conocida como Corabastos. Cada minuto entra una bicicleta, una moto, un carro, una camioneta, un camión. El desfile de gente no cesa a ninguna hora, que llega a la capital de Colombia para comercializar cerca de 12 toneladas de alimentos que circulan todos los días en la segunda plaza de mercado más grande en América Latina después de la Central de Abastos (CEDA) de la Ciudad de México.

El viento que sopla es frío e incisivo, ese que penetra hasta los huesos, propio de las madrugadas de la sabana de Bogotá, ubicada a 2.600 metros sobre el nivel del mar. A medida que el reloj avanza, el flujo de gente se incrementa. La actividad y el ruido empiezan a tomar las 57 bodegas que componen el centro de acopio, que almacena frutas, verduras, hortalizas, granos y procesados que llegan de todos los rincones del país y de algunas regiones del mundo. Pero también es un mercado de pescados, mariscos, y una variedad de tiendas de desechables, productos químicos, ferreterías y panaderías. Son 4.200 metros cuadrados construidos en el sudoeste de una ciudad que ya supera los ocho millones de habitantes.

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Un deporte, un transporte, un paseo

Bogotá en bicicleta 
por María Paula Martínez

 

¿Los bogotanos somos apáticos ante los temas verdes? Bogotá tiene más de 8 millones de habitantes y,  aproximadamente, 350 kilómetros de ciclorutas o vías exclusivas para el uso de bicicletas. Todos los domingos desde las 7 de la mañana hasta las 2 de la tarde, más de 120 kilómetros de vías vehiculares son cedidas para el uso exclusivo de la bicicleta y la práctica de otros deportes.

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Pedaleando por el planeta

Bogotá en bicicleta (parte I)
por María Paula Martínez

La bicicletada, A Los Andes en bici, Mejor en Bici, Mi Caballito de acero, Bogotá Cycle Chic, son algunos de los colectivos de bicicletas más populares de Bogotá. En total suman unas 200 personas, que a fines de marzo de este año protagonizaron una bicicletada capitalina en el marco de la campaña mundial de la WWF, conocida como 60+, o La hora del planeta.

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Rio+20: Colombia quiere liderar la cumbre

La apuesta por los Objetivos de Desarrollo Sostenible en Río
por María Paula Martínez, desde Colombia

Vivimos en una sociedad de bobos. Es decir, de bohemios-burgueses-posmodernos que, según David Brooks, tienen una nueva sensibilidad hacia la naturaleza y el medio ambiente pero de una manera ambigua y contradictoria.

En Colombia hay vegetarianos que van a la plaza de toros y hacen empacar sus alimentos orgánicos en decenas de bolsas de plástico en los supermercados, y personas que se esfuerzan por reciclar en sus casas para que cada noche el camión de la basura recoja todas las bolsas y las amontone sin piedad.

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¿Y si no compro gasolina?

Movilidad urbana en Colombia (primera parte)
por María Paula Martínez

Sin reparo por el flujo vehicular de una autopista un sábado en la mañana, una decena de vehículos hacen fila sobre el pavimento a la espera de poder comprar gasolina por 8911 pesos colombianos el galón (4,9 USD), cinco o diez pesos menos que lo que pagarían si entraran en otra estación de Bogotá.

No es una imagen infrecuente. El precio de la gasolina ha sufrido un incremento tan rápido en los últimos meses en Colombia que los conductores empiezan a mostrar su descontento. Ya no hay indiferencia frente al precio de este producto indispensable, y el ahorro de unos pocos pesos se ha vuelto importante.

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