Cómo comer en las calles de Ciudad de México sin morir en el intento

Los puestos informales alimentan cada día a cientos de miles de los veinte millones de habitantes de la Ciudad de México. En los suburbios del DF cada delegación cobra a discreción una cuota para permitir esos negocios de comida barata en las calles, muchos de ellos acomodados entre el smog, la basura y la suciedad, y es sabido que las delegaciones que más puestos autorizan son también las más conflictivas y corruptas. Nuestra cronista recorrió la ciudad más poblada de América Latina en busca de su almuerzo y sobrevivió para contarlo.

Por Miriam Canales Ibarra

En el aroma de las calles de la Ciudad de México no solo se siente el smog de los autos; también se percibe la grasa y el humo provenientes de los puestos improvisados donde abunda la oferta de comida barata por doquier: tacos, tortas, gorditas, tamales y otras fritangas propias de la dieta mexicana, en la que predominan el maíz y la carne, conforman a diario el desayuno, el almuerzo y la cena.

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ESPECIAL México: lo mejor y lo peor del extractivismo en 2013

Por Iñigo G. Martínez Peniche
Desde México D.F.

Lo malo: la reforma energética extractivista. Las élites políticas y económicas mexicanas insisten en continuar con el extractivismo energético.

Ante el pico en la producción de combustibles convencionales, su apuesta se ha orientado ahora hacia una reforma energética, aprobada en días recientes, centrada en la explotación de los recursos fósiles no convencionales que quedan en el país: petróleo de aguas profundas, aceite y gas de lutitas. Los nuevos recursos disponibles son más intensivos en términos de generación de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), además de que los riesgos sociales y ambientales asociados a su explotación son enormes.

La reforma permitirá la participación del sector privado en todas las actividades de la industria energética, garantizando así la continuación de la dependencia del país de los combustibles fósiles. El objetivo es “incrementar la producción actual de petróleo de 2.5 millones de barriles diarios (Mbd) a 3 Mbd en 2018 y a 3,5 Mbd en 2025…y de gas natural de 5 mil 700 millones de pies cúbicos diarios (Mpcd) a 8.000 Mpcd en 2018 y a 10.400 Mpcd en 2025”. El gobierno federal ha pronosticado la explotación de 20 mil pozos anuales para extraer gas y aceite de lutitas (shales).

Lo bueno: la conformación de la Alianza Mexicana contra el FrackingEn agosto pasado, diversas organizaciones no gubernamentales mexicanas conformaron la Alianza con el fin de alertar a la población sobre la falsa solución energética que representa el gas shale para México.

El conglomerado de organizaciones ha iniciado un intenso trabajo para explicar a la población los impactos sociales, económicos y ambientales negativos que conlleva la explotación de este hidrocarburo no convencional. La principal demanda de la Alianza es que debe aplicarse el principio precautorio y prohibirse la explotación de este recurso debido a que “violenta el derecho humano de acceso al agua y el procedimiento para su extracción requiere grandes cantidades del líquido, contamina los acuíferos y contribuye al calentamiento global”.

Se ha buscado cabildear en distintos medios, incluyendo el Poder Legislativo, para convencer a los diputados que ésta no es una opción sustentable para México.

Las luchas que vienen

Tal vez el mayor desafío que enfrentarán las organizaciones progresistas ambientalistas sea informar y concientizar a la gente de las graves implicaciones ambientales y sociales que tendrá para México la reforma energética recién aprobada.

Se trata de una labor titánica no sólo porque la abrumadora mayoría de los medios masivos de comunicación constituye una parte esencial de la alianza elitista que impuso las modificaciones legales, sino porque buena parte de las zonas en donde se encuentran las reservas fósiles que habrán de ser extraídas están controladas por el crimen organizado transnacional, lo que dificulta sin dudas el activismo medioambiental.

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Un “petro Estado”, una revolución y una guerra

Un recorrido del impacto profundo de los hidrocarburos en América del Norte, desde la explotación de la tercera reserva de petróleo del mundo en Canadá, pasando por la lucha entre los recursos renovables y los combustibles fósiles en Estados Unidos, hasta la exploración en aguas profundas y ultra-profundas del Golfo de México.

Iñigo Gabriel Martínez Peniche
Desde México DF 

¿Qué ocurre en Canadá?

La reestructuración reciente de la economía canadiense, en que la megaextracción y la exportación de petróleo bituminoso juega un papel fundamental, está generando una serie de riesgos económicos, ambientales y geopolíticos para el país. En la última década, Canadá se ha convertido en un centro extractivista mundial y en un “petro-Estado bribón”. La explotación de las arenas bituminosas de Alberta, la tercera reserva probada de petróleo más vasta del mundo, es el proyecto industrial más grande del planeta cuyo desarrollo ya tiene implicaciones en la economía, la política, la diplomacia y el medio ambiente del país.

Las élites extractivistas canadienses buscan de manera desesperada explotar y exportar lo más pronto posible el petróleo bituminoso. Para ello han destinado enormes recursos económicos y tecnológicos, además de realizar un fuerte cabildeo nacional e internacional, para garantizar su salida. Resulta irónico observar cómo la ciudad de Calgary, capital de la provincia de Alberta y sede de las oficinas centrales de las principales corporaciones extractivistas canadienses y globales conocidas como “la mafia de Calgary”, se convirtió en uno de los lugares más afectados por las mayores inundaciones de los últimos años en el oeste canadiense.

Se puede debatir si fueron causadas o no por el cambio climático. Pero es una realidad que la quema de combustibles fósiles, principal causa del calentamiento global, es en parte responsable del derretimiento de hielo en el Océano Ártico, al tiempo que ha habido una creciente evaporación de los océanos que cubren el 70% de la superficie terrestre.

¿Qué ocurre en Estados Unidos?

En Estados Unidos tiene lugar “una revolución y una guerra energética” ligada a dos fenómenos: por un lado, están siendo descubiertas nuevas y vastas reservas de gas y petróleo, antes inaccesibles o imposibles de costear económicamente; por otro lado, una serie de inversiones privadas y programas de apoyo gubernamental están llevando al rápido desarrollo de las energías renovables.

La disputa allí “no es solo sobre los distintos tipos de tecnología. Los dos bandos difieren sobre si la salvación energética se encuentra en la conservación o en la expansión de la producción; en la generación de energía a partir de recursos renovables o de combustibles fósiles no renovables; en la producción a partir de fuentes energéticas descentralizadas, de pequeña escala, o en grandes sistemas centralizados”.

Uno de los elementos de este nuevo escenario es la “revolución del gas y aceite de esquisto (shale gas/ oil). La explotación de estos recursos energéticos se ha vuelto un instrumento de la estrategia hegemónica de esta nación para influir en las políticas energéticas de otros países.

Este tipo de combustibles no convencionales son mucho más difíciles de extraer y caros de producir, además de los impactos ambientales que implican. El megaextractivismo en Estados Unidos se ejemplifica con datos contundentes: hasta el momento se han perforado 75 mil pozos y existen más de 20 mil empresas dispuestas a continuar taladrando.

Quienes confían en la llamada “revolución energética” estadounidense sostienen que esto solo ha sido posible en ese país pues existen condiciones particulares en términos de propiedad de la tierra, atomización de la industria energética, estímulos a la competencia, etc., que no pueden replicarse con facilidad en otras partes del mundo. Los críticos, por su parte, han señalado que el boom energético no es más que una gigantesca y exagerada burbuja construida y estimulada por las poderosas élites extractivistas energéticas comandadas por Wall Street, con fuertes intereses en el sector petrolero, quienes han inflado artificialmente los volúmenes de reservas de esquistos recuperables.

¿Y en México? Continuará…

Hizo su doctorado en Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Ciudad de México. Es tutor de la Especialidad en Política y Gestión Energética y Medioambiental de FLACSO México.

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Por qué Estados Unidos quiere tanto a México

El extractivismo energético está en el centro de la discusión en América del Norte. La estrategia regional ha estado dirigida, ante todo, a apoyar la seguridad energética de Estados Unidos y ha implicado la puesta en marcha de una política de máxima extracción y explotación de las reservas energéticas de los socios menores, México y Canadá.

Iñigo Gabriel Martínez Peniche
Desde México DF

El extractivismo es la apropiación -mediante prácticas intensivas- de enormes volúmenes de recursos naturales que, en su mayor parte, son exportados como materias primas a los mercados globales. A pesar de que el extractivismo ha estado relacionado comúnmente con la minería, el fenómeno es propio también de otros sectores como el energético o de hidrocarburos.

La vinculación entre extracción, producción energética y generación de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) ha sido ampliamente demostrada pero el consumo de recursos naturales continúa creciendo de manera acelerada. Esto se traduce en presiones cada vez mayores sobre el clima, la geología y el medio ambiente, que se acercan a los límites de la sustentabilidad del planeta. Pese a esto, proyecciones del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) revelan un aumento en la extracción, que podría llegar a triplicarse en 2050.

Un análisis de los movimientos sociales de oposición al mega extractivismo en América Latina identificó 34 casos asociados con la minería energética; 85 casos con la minería metálica y no metálica; 47 casos asociados con el agua; 16 casos con los recursos forestales y la biodiversidad; 27 casos de expansión/afectación de la agroindustria, y 32 casos con los residuos tóxicos.

América del Norte -Canadá, Estados Unidos y México- también atraviesa enormes transformaciones por el predominio en esos gobiernos de élites extractivistas energéticas. El extractivismo energético, de hecho, se encuentra en el centro de la discusión regional: desde la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), ha empezado a tomar forma un proceso silencioso de mega extractivismo asociado con la estrategia de integración energética del subcontinente, comandada por las élites económicas y políticas de la región que disfrutan así de jugosos ingresos.

La estrategia ha estado dirigida, en primera instancia, a apoyar la seguridad energética de Estados Unidos, el socio mayor, y ha implicado la puesta en marcha de una política de máxima extracción y explotación de las reservas energéticas de los socios menores, Canadá y México.

En este sentido, la máxima extracción de recursos hidrocarburíferos no convencionales, cada vez más difíciles de producir, más costosos y de consecuencias ambientales impredecibles, se vuelve la base de la política energética de las élites extractivistas en Norteamérica.

Es el caso de la explotación de arenas bituminosas en el norte de la provincia de Alberta en Canadá; el fracturamiento hidráulico (fracking) para obtener recursos de gas y aceite de lutitas (shale gas/oil) en las cuencas gasíferas de Pensylvania, Texas o Dakota del Norte en Estados Unidos; la exploración y producción de petróleo en las aguas profundas y ultra-profundas del Golfo de México.

Este tipo de producción energética genera presiones ambientales y sociales muy fuertes, que van desde los conflictos en el medio rural al drama ecológico que se observa en diversas regiones del subcontinente. Ya sabemos que la extracción y la quema de combustibles fósiles y la consiguiente liberación a la atmósfera de CO2 y otros gases de efecto invernadero son causantes del calentamiento global y del cambio climático, causante a su vez de eventos extremos relacionados con el clima.

En el caso de la extracción shale gas/oil existe además el riesgo de contaminación del suelo y las aguas subterráneas superficiales con agentes químicos, además de la generación de gases de efecto invernadero y los riesgos de movimientos telúricos, entre otras problemáticas ambientales, sin contar los numerosos conflictos sociales.

* Hizo su doctorado en Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Ciudad de México. Es tutor de la Especialidad en Política y Gestión Energética y Medioambiental de FLACSO México.

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Breve catálogo de tecnologías para el desarrollo

Cómo apropiarse de las nuevas tecnologías en México
por Marioliva González

Luego de introducir en mi post anterior la relación entre el desarrollo, el respeto por el medio ambiente y las necesidades de las comunidades con menos recursos de México, aquí les comparto brevemente algunas tecnologías apropiadas en comunidades locales, de las que quizás ya has oído hablar.

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¿Desarrollo o asistencialismo?

Cómo apropiarse de las nuevas tecnologías en México (parte I)
por Marioliva González

He llegado a la conclusión de que el desarrollo tiene que ser replanteado. Tiene que tomar en cuenta los recursos que existen a nivel regional, local y global, respetando el desarrollo de los ecosistemas y no sólo de los asentamientos humanos. No hay otra opción si queremos seguir en este planeta.

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