Cómo comer en las calles de Ciudad de México sin morir en el intento

Los puestos informales alimentan cada día a cientos de miles de los veinte millones de habitantes de la Ciudad de México. En los suburbios del DF cada delegación cobra a discreción una cuota para permitir esos negocios de comida barata en las calles, muchos de ellos acomodados entre el smog, la basura y la suciedad, y es sabido que las delegaciones que más puestos autorizan son también las más conflictivas y corruptas. Nuestra cronista recorrió la ciudad más poblada de América Latina en busca de su almuerzo y sobrevivió para contarlo.

Por Miriam Canales Ibarra

En el aroma de las calles de la Ciudad de México no solo se siente el smog de los autos; también se percibe la grasa y el humo provenientes de los puestos improvisados donde abunda la oferta de comida barata por doquier: tacos, tortas, gorditas, tamales y otras fritangas propias de la dieta mexicana, en la que predominan el maíz y la carne, conforman a diario el desayuno, el almuerzo y la cena.

Sigue leyendo

¿Basura o comida? Las siete vidas de los alimentos en El Salvador

En El Salvador, 9% de la población vive en la pobreza extrema con menos de un dólar diario mientras más de 50% de la basura es de origen orgánico. No todo ese porcentaje es alimentos pero basta compartir la jornada con los pepenadores que viven apostados en el camino que conduce al mayor relleno sanitario del país para ver que en la basura hay muchísima comida desperdiciada, desde bolsas de papas fritas, masa para pizza y botellas de soda selladas, hasta huevos y barriles con pollitos vivos.

Por Glenda Girón

Uno tras otro, hasta llegar a cinco, pasan los camiones repletos por delante de cuatro jóvenes -son cinco, si se cuenta al que está con una borrachera que lo tiene casi inconsciente- sentados bajo la ramada a la orilla de la calle mal pavimentada. De repente, un camión de basura logra sacarlos de la plática sobre el saldo del teléfono o de por qué se emborrachó el compadre. Ese camión que los hace reaccionar en segundos lleva, entre otras cosas, pollitos vivos.

La forma de operar es casi siempre la misma. Los baches del camino obligan a los conductores a reducir la velocidad, lo suficiente para que los jóvenes afiancen primero un pie y luego el otro en el camión. Los muchachos toman lo que les cabe en las manos y cuando pueden se auxilian con cualquier objeto que encuentran dentro del camión para acaparar más: bolsas, cajas, pedazos de guacal o retazos de ropa. Se bajan unos metros más adelante, casi siempre sonrientes, satisfechos con el botín conseguido.  Sigue leyendo

Nómades y cazadores. Tesoros alimentarios en una montaña de basura

Del consumo voraz de comida-chatarra en los grandes malls a la búsqueda de alimentos en los basurales del Gran Buenos Aires, un recorrido que revela las conexiones entre la pobreza, el consumismo y la alimentación industrial.

Por Soledad Barruti

Juan y Tomás entran a Unicenter y salen corriendo para perderse en la multitud. Llevan recorridos sus 11 años de vida en colegios privados y salidas de días libres a lugares como este: un shopping lleno de gente y objetos que algún día van a poder comprar con su propio dinero. Son puro deseo, atravesados por la ferocidad del marketing infantil que surgió en los años 50, se fortaleció en los años 80 y despuntó hace apenas 15 años cuando los chicos empezaron a pasar un promedio de 25 horas por semana frente a la televisión y tuvieron acceso ininterrumpido a Internet y a toda la propaganda no convencional que pueda imaginarse.

Llevan 100 pesos en el bolsillo (alrededor de 10 dólares), que esperan estirar con los vales de McDonald’s que les dieron a la salida del colegio para promocionar la nueva hamburguesa «italiana» a solo 22 pesos. Antes de enfrentar la cola demorada del local, ubicado en la esquina más transitada de ese patio de comidas en el que entran 1.800 personas sentadas, recorren negocios de ropa para los adolescentes que sueñan ser: miran zapatillas, remeras, cadenas. Uno de ellos –rubio, ojos transparentes, dientes blancos poco crecidos, cuerpo delgado y tenso– lleva una calavera plateada colgada de la muñeca y esconde la cruz de plata del bautismo bajo la remera porque no sabe si va bien con la actitud que quiere tener. El otro –morocho, el cuerpo blando y blanco, más inseguro, o más tranquilo, igual de alto– camina dejándose llevar por su amigo. Cada tanto toca su celular para ver si suena: la única regla de la salida es que no olviden que la madre de Tomás los espera en la entrada de los cines y que si el celular suena, ellos tienen que atender. «En ciudades que se fracturan y se desintegran, este refugio antiatómico es perfectamente adecuado al tono de una época», escribió en los años 90 la ensayista Beatriz Sarlo para describir los shoppings: artefactos perfectamente adecuados a la hipótesis del nomadismo contemporáneo.

Sigue leyendo

¿Basura o residuos?

Reciclaje de papel en República Dominicana
por Alan Fernández

Los pueblos sólo alcanzarán su desarrollo cuando dejen de ver las cosas como son y comiencen a verlas como deberían ser.”

La basura está formada por residuos no clasificados que, en conjunto, hacen imposible su aprovechamiento. Los residuos, en cambio, son materiales que pueden ser reutilizados luego de haber cumplido el fin para el que fueron creados.

En el Distrito Nacional (la ciudad capital de Dominicana), por ejemplo, el 41% de la basura que se genera podría ser aprovechada pues está compuesta de materiales 100% reciclables como papel, plástico, vidrio, metales y sus derivados. Algo similar ocurre en la mayoría de los países de América Latina.

Sigue leyendo

Más educación, menos residuos

Recuperación de residuos en República Dominicana (parte I)
por Alan Fernández

Yo estudio en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Esta alta casa de estudios –la primera del nuevo mundo– es una ciudad en sí misma: ya supera las 178.000 personas y posee 16 recintos distribuidos en las principales provincias del país. La UASD es la muestra más representativa de cualquier hecho al que se quiera hacer alusión sobre el pueblo dominicano. Es la expresión del pueblo llano en todas sus dimensiones.

Uno de los hechos más visibles es cómo los/as estudiantes vierten todos sus desperdicios fuera de contenedores o zafacones. Ello no se debe a la escasez de unidades donde arrojarlos –de hecho, hay zafacones por doquier– sino a la percepción generalizada de que depositar los desperdicios en ellos no hace ninguna diferencia.

La ciudad universitaria produce toneladas de residuos, que no son clasificados y que pasan a formar parte de la masa indefinida de residuos que se producen en todo el Distrito Nacional, la capital de la República Dominicana.

Sigue leyendo

Um convite a saborear o lixo

Credits: Taste The Waste 

BERLIM, por Yara Castanheira

A música é dramática, os testemunhos são reveladores, as imagens são chocantes. O filme Taste the Waste, que estreou em Berlim, foi para mim a explosão deste mês. Que a fome no mundo –principalmente na África– é um problema que poderia ser evitado todos nós já sabíamos. Que há um enorme desperdício global de alimentos também. Mas ver as imagens aumenta o impacto e eu ainda não conhecia alguns números assustadores relacionados à Alemanha e à União Europeia.

Sigue leyendo