ESPECIAL Argentina: lo mejor y lo peor del extractivismo en 2013

Por Maité Llanos
desde Buenos Aires

Si 2012 fue, 20 años después de la Cumbre de la Tierra, el año en el que el tema ambiental volvió a la agenda latinoamericana a través de Rio+20, 2013 se caracterizó por la ausencia del desarrollo sustentable en los debates políticos y económicos.

A su vez, 2013 fue un año en el que la búsqueda de energías renovables parece haber quedado relegada tras la anunciada nueva ola de combustibles fósiles. En Argentina, el acuerdo de YPF con Chevron para la explotación de petróleo y gas no convencional a través del fracking, pone en riesgo la soberanía y la democracia energética, y anuncia una serie de problemas socioambientales una vez que se ponga en marcha.

Esta nueva ola de explotación de hidrocarburos augura un mal resultado en cuanto al cambio climático, similar al que se obtuvo hace menos de un mes en Varsovia en la COP 19, en la próxima reunión sobre clima que se va a realizar en Lima en 2014 y luego en París en 2015, donde debería renovarse el compromiso para la reducción de emisiones de efecto invernadero.

Sin embargo, 2013 no fue un año de pasividad y resignación. Ese aire fresco que dio la Cumbre de los Pueblos de Rio+20 en 2012 y el concepto instalado de los bienes comunes en el lenguaje de los movimientos sociales parecen haber dado impulso a un nuevo entretejido de vínculos en el el feminismo cumple un papel fundamental. A su vez, el gigante que se despertó en las calles de Brasil en junio pidiendo cambios estructurales, puso en cuestión el ciclo del consumo como modelo de inclusión.

Si el movimiento contra la globalización neoliberal que llevó a la construcción del Foro Social Mundial se creó desde lo global hacia lo local para resistir a acuerdos globales como el de la OMC y foros como el G8, que tendrían impactos directos en la vida de las personas, ahora un nuevo ciclo de luchas que estuvo tejiéndose en estos últimos años parece nacer desde lo local hacia lo global. Allí, los impactos del avance del capitalismo sobre los territorios son más vivamente sentidos y las resistencias emergen frente a la megaminería, el fracking y el avance sobre los bienes comunes, como hemos visto en varios rincones de América Latina en 2013.

La cumbre del clima a fines de 2014 nos pone ante el desafío de lograr que esas resistencias se unan para disputar el modelo de desarrollo de la región, para que el principal eje no sea el control soberano de los recursos naturales sino que este control sea el punto de partida para la gestión participativa de los bienes comunes.

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ESPECIAL México: lo mejor y lo peor del extractivismo en 2013

Por Iñigo G. Martínez Peniche
Desde México D.F.

Lo malo: la reforma energética extractivista. Las élites políticas y económicas mexicanas insisten en continuar con el extractivismo energético.

Ante el pico en la producción de combustibles convencionales, su apuesta se ha orientado ahora hacia una reforma energética, aprobada en días recientes, centrada en la explotación de los recursos fósiles no convencionales que quedan en el país: petróleo de aguas profundas, aceite y gas de lutitas. Los nuevos recursos disponibles son más intensivos en términos de generación de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), además de que los riesgos sociales y ambientales asociados a su explotación son enormes.

La reforma permitirá la participación del sector privado en todas las actividades de la industria energética, garantizando así la continuación de la dependencia del país de los combustibles fósiles. El objetivo es “incrementar la producción actual de petróleo de 2.5 millones de barriles diarios (Mbd) a 3 Mbd en 2018 y a 3,5 Mbd en 2025…y de gas natural de 5 mil 700 millones de pies cúbicos diarios (Mpcd) a 8.000 Mpcd en 2018 y a 10.400 Mpcd en 2025”. El gobierno federal ha pronosticado la explotación de 20 mil pozos anuales para extraer gas y aceite de lutitas (shales).

Lo bueno: la conformación de la Alianza Mexicana contra el FrackingEn agosto pasado, diversas organizaciones no gubernamentales mexicanas conformaron la Alianza con el fin de alertar a la población sobre la falsa solución energética que representa el gas shale para México.

El conglomerado de organizaciones ha iniciado un intenso trabajo para explicar a la población los impactos sociales, económicos y ambientales negativos que conlleva la explotación de este hidrocarburo no convencional. La principal demanda de la Alianza es que debe aplicarse el principio precautorio y prohibirse la explotación de este recurso debido a que “violenta el derecho humano de acceso al agua y el procedimiento para su extracción requiere grandes cantidades del líquido, contamina los acuíferos y contribuye al calentamiento global”.

Se ha buscado cabildear en distintos medios, incluyendo el Poder Legislativo, para convencer a los diputados que ésta no es una opción sustentable para México.

Las luchas que vienen

Tal vez el mayor desafío que enfrentarán las organizaciones progresistas ambientalistas sea informar y concientizar a la gente de las graves implicaciones ambientales y sociales que tendrá para México la reforma energética recién aprobada.

Se trata de una labor titánica no sólo porque la abrumadora mayoría de los medios masivos de comunicación constituye una parte esencial de la alianza elitista que impuso las modificaciones legales, sino porque buena parte de las zonas en donde se encuentran las reservas fósiles que habrán de ser extraídas están controladas por el crimen organizado transnacional, lo que dificulta sin dudas el activismo medioambiental.

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ESPECIAL Bolivia: lo mejor y lo peor del extractivismo en 2013

Por Fernando Molina
desde La Paz

En Bolivia, 2013 fue un año extractivista, como casi todos desde 1545, la fecha en la que los españoles descubrieron el Cerro Rico de Potosí y decidieron ocupar este arisco país. Más extractivista que nunca, habría que decir, ya que la explotación de materias primas no renovables pagó el 60% de los gastos estatales, y la exportación de gas fue la actividad económica de mayor crecimiento y la responsable –directa o indirecta– de la mayor parte del crecimiento récord de 6,5% del PIB.

Pero el sentido de este ejercicio es encontrar una noticia, aunque sólo sea una, que pueda considerarse “anti-extractivista”. No ha sido fácil: Bolivia está viviendo la “fiesta de los recursos naturales” y por primera vez en su historia goza de cierta holgura económica, así que lo más “anti-extractivista” que se le ocurre es… industrializar el gas.

Hay una esperanza, sin embargo, al menos en el futuro al que apunta la “agenda patriótica”, el plan de las realizaciones que planteó el presidente Evo Morales a comienzos del año, y que el país debería alcanzar al celebrar el bicentenario de su fundación en 2025.

La agenda consigna el siguiente objetivo: “(En 2025) Bolivia dejará de forma progresiva la herencia colonial y republicana de ser solamente un país hidrocarburífero y minero… será un país productor y transformador de alimentos, proveedor y exportador de energía eléctrica (aprovechando plenamente el potencial hidroeléctrico y desarrollando exitosamente proyectos de energías renovables)…, un país turístico, artesanal y manufacturero, productor y exportador de productos alimentarios únicos y de otros de consumo masivo y con alto valor agregado, articulador de servicios de comunicación y transportes y contará con valiosos recursos humanos con conocimientos científicos y tecnológicos…”

Este plan no llega a prescindir de los recursos no renovables, que tan importantes son en la realidad. Mucho menos puede prescindir de ellos la gestión gubernamental, que este año ha consistido, en el área petrolera, en el impulso a la exploración de nuevos yacimientos de gas por parte de empresas de Francia, Rusia, Gran Bretaña y Brasil… Los contratos firmados con estas empresas las autorizan a trabajar en las áreas protegidas de Azero, Huacareta, El Dorado Oeste, Isarzama y San Miguel, entre otras. En total, 10 de las 22 áreas protegidas de rango nacional sufrirán una intervención contraria a las normas ambientales y podrían resultar dañadas por el uso de dinamita en los ríos. Su destino podría ser mucho peor si se hallara gas en ellas.

Pese a ello, el renovado interés prospectivo del gobierno es considerado sumamente insuficiente o incluso insignificante según los expertos petroleros, quienes creen que Bolivia tendría que multiplicar por diez su inversión en exploración si quisiera descubrir suficientes yacimientos nuevos como para abastecer su mercado interno y continuar proveyendo de gas a Brasil y Argentina al ritmo de hoy en diez años, es decir, cuando sus reservas actuales tiendan a agotarse.

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Un “petro Estado”, una revolución y una guerra

Un recorrido del impacto profundo de los hidrocarburos en América del Norte, desde la explotación de la tercera reserva de petróleo del mundo en Canadá, pasando por la lucha entre los recursos renovables y los combustibles fósiles en Estados Unidos, hasta la exploración en aguas profundas y ultra-profundas del Golfo de México.

Iñigo Gabriel Martínez Peniche
Desde México DF 

¿Qué ocurre en Canadá?

La reestructuración reciente de la economía canadiense, en que la megaextracción y la exportación de petróleo bituminoso juega un papel fundamental, está generando una serie de riesgos económicos, ambientales y geopolíticos para el país. En la última década, Canadá se ha convertido en un centro extractivista mundial y en un “petro-Estado bribón”. La explotación de las arenas bituminosas de Alberta, la tercera reserva probada de petróleo más vasta del mundo, es el proyecto industrial más grande del planeta cuyo desarrollo ya tiene implicaciones en la economía, la política, la diplomacia y el medio ambiente del país.

Las élites extractivistas canadienses buscan de manera desesperada explotar y exportar lo más pronto posible el petróleo bituminoso. Para ello han destinado enormes recursos económicos y tecnológicos, además de realizar un fuerte cabildeo nacional e internacional, para garantizar su salida. Resulta irónico observar cómo la ciudad de Calgary, capital de la provincia de Alberta y sede de las oficinas centrales de las principales corporaciones extractivistas canadienses y globales conocidas como “la mafia de Calgary”, se convirtió en uno de los lugares más afectados por las mayores inundaciones de los últimos años en el oeste canadiense.

Se puede debatir si fueron causadas o no por el cambio climático. Pero es una realidad que la quema de combustibles fósiles, principal causa del calentamiento global, es en parte responsable del derretimiento de hielo en el Océano Ártico, al tiempo que ha habido una creciente evaporación de los océanos que cubren el 70% de la superficie terrestre.

¿Qué ocurre en Estados Unidos?

En Estados Unidos tiene lugar “una revolución y una guerra energética” ligada a dos fenómenos: por un lado, están siendo descubiertas nuevas y vastas reservas de gas y petróleo, antes inaccesibles o imposibles de costear económicamente; por otro lado, una serie de inversiones privadas y programas de apoyo gubernamental están llevando al rápido desarrollo de las energías renovables.

La disputa allí “no es solo sobre los distintos tipos de tecnología. Los dos bandos difieren sobre si la salvación energética se encuentra en la conservación o en la expansión de la producción; en la generación de energía a partir de recursos renovables o de combustibles fósiles no renovables; en la producción a partir de fuentes energéticas descentralizadas, de pequeña escala, o en grandes sistemas centralizados”.

Uno de los elementos de este nuevo escenario es la “revolución del gas y aceite de esquisto (shale gas/ oil). La explotación de estos recursos energéticos se ha vuelto un instrumento de la estrategia hegemónica de esta nación para influir en las políticas energéticas de otros países.

Este tipo de combustibles no convencionales son mucho más difíciles de extraer y caros de producir, además de los impactos ambientales que implican. El megaextractivismo en Estados Unidos se ejemplifica con datos contundentes: hasta el momento se han perforado 75 mil pozos y existen más de 20 mil empresas dispuestas a continuar taladrando.

Quienes confían en la llamada “revolución energética” estadounidense sostienen que esto solo ha sido posible en ese país pues existen condiciones particulares en términos de propiedad de la tierra, atomización de la industria energética, estímulos a la competencia, etc., que no pueden replicarse con facilidad en otras partes del mundo. Los críticos, por su parte, han señalado que el boom energético no es más que una gigantesca y exagerada burbuja construida y estimulada por las poderosas élites extractivistas energéticas comandadas por Wall Street, con fuertes intereses en el sector petrolero, quienes han inflado artificialmente los volúmenes de reservas de esquistos recuperables.

¿Y en México? Continuará…

Hizo su doctorado en Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Ciudad de México. Es tutor de la Especialidad en Política y Gestión Energética y Medioambiental de FLACSO México.

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¿El gas es lo mejor que tenemos?

No sólo el gobierno boliviano piensa que el gas es lo “mejor” que Bolivia tiene. Este criterio es ampliamente compartido por la población, que en la última década participó en enormes movimientos políticos, incluyendo el derrocamiento de dos presidentes, con la intención de nacionalizar los yacimientos de gas.

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¿Antropocentrismo o biocentrismo?

Extractivismo en Ecuador
por Andrés Groner

La relación entre el extractivismo, la pobreza y el daño ambiental es bastante directa. Los incrementos en la renta de las actividades extractivas influyen directamente en la calificación otorgada por los organismos multilaterales de crédito.

Son los mismos que, como aves de rapiña, han sobrevolado nuestras economías dispuestos a ofrecer créditos a tasas muy bajas de interés y con la menor cantidad de requisitos. Estos créditos han sido bien recibidos, más de una vez, por los gobiernos de turno y por el sector privado, dejando la economía endeudada a futuro.

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